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lunes, 5 de junio de 2017

El panteísmo de Eduard von Hartmann

Según Eduard von Hartmann, la única alternativa a la irreligiosidad futura es el panteísmo:

Que el teísmo personal trascendente ha llegado a ser inaceptable para la conciencia moderna, en sí mismo igual que por sus consecuencias [...], es un punto que ha sido tratado con frecuencia, y nada más que un espíritu conservador respetable, pero ignorante de la ciencia, puede hacerse ilusiones sobre tal hecho. Pero ante esta imposibilidad del teísmo, he aquí lo que llega a ser una cuestión vital para la religiosidad y para el idealismo de la humanidad; el panteísmo debe penetrar en la conciencia de los pueblos que representan la civilización moderna; porque si esto no tiene lugar, si no se verifica a tiempo, ¿qué acontecerá necesariamente? Que el naturalismo materialista irreligioso ocupará el lugar vacío, proceso que se efectúa todos los días ante nuestros ojos (La religión del porvenir, cap. IX).

Yo creo que para evitar la crisis de la religiosidad, lo que necesitamos no es el panteísmo sino el panenteísmo. Según esta doctrina, Dios no sería todas las cosas, sino que estaría en todas las cosas, amén de trascenderlas.

Tal vez el panteísmo convenga a los orientales, pero a nosotros los occidentales nos queda un poco apretado. Creo que el panenteísmo nos calzaría perfecto.

sábado, 5 de febrero de 2011

Hinduismo y panteísmo

El dios de Spinoza es menos que una persona; el mío es más que una persona; porque Dios, entre Sus muchas potestades, puede ejercitar el rol de una persona.
Kurt Gödel

Sigo adentrándome en este tomo I de las Obras completas de Vicente Fatone, dedicado exclusivamente a las dos grandes religiones filosóficas pergeñadas en la India, y se me derriba un dogma que no solo yo, sino la mayoría de la gente, considera inatacable: “El hinduismo es, por definición, una religión panteísta”.
¿Cuál es el principal aserto en que se funda el panteísmo? El de que Dios y el hombre son la misma cosa, son realidades idénticas. Pues bien, según Fatone existe en el hinduismo, además de dicha doctrina, otra que se le contrapone,

surgida de las mismas contradicciones o por impotencia de la primera, que tiende a conceder, conscientemente o no, que el hombre es una realidad distinta, por su esencia y por su naturaleza creada, de aquel Dios eterno e invariable. Esa tendencia se nota claramente en el Svetasatara upanishad, donde Dios es concebido como trascendente y personal y donde la conquista de ese Dios no es obra del mero conocimiento intelectual sino de la bhakti (piedad) ayudada por la gracia. La escuela sankhya ha de hallar más tarde en el Svetasatara un fuerte apoyo para su orientación dualista (p. 203-4).

Respecto de la cuestión de la personalidad de Dios, de si Dios es un ente personal o una fuerza que no puede concebirse sin error como algo que se asemeje a una persona –y este es otro ítem imprescindible a la hora de discernir el carácter panteístico de una doctrina--, respecto de este problema el hinduismo, siempre según Fatone, suspende el juicio: lo considera un asunto ajeno a su esencia por carecer de carácter metafísico (p. 209). Y no siempre los místicos hindúes, en trance de contemplación, buscan identificarse con el Todo, con el Brahma, anonadando su propia personalidad; existiría otra tendencia

en que se defiende la diferencia de naturaleza de esas dos realidades. En el primer caso, el “conocimiento” se logra con la pérdida definitiva de la personalidad humana; en el segundo, la “comunión mística” deja a salvo esa personalidad. Este último misticismo es, para nosotros, el auténtico: misticismo donde el Ser supremo es distinto de la criatura y trascendente a esta aunque también residente en ella; misticismo cuya preparación ascética es amor, y no renuncia (p. 211).

Los místicos hindúes no estarían, pues –al menos algunos de ellos--, tan en disonancia con los místicos cristianos.
Pero los hindúes tienden a desdeñar el concepto de creación, tan caro a los cristianos, y eso, según algunos, es lo que los caracteriza propiamente como panteístas. Fatone se opone:

Para descubrir si en una doctrina hay panteísmo o no, la piedra de toque es otra: basta observar si la personalidad humana desaparece en el trance comunicativo, o si deja de haber distinciones entre la personalidad humana y la divina. En caso afirmativo habrá panteísmo; de lo contrario, no. En el hinduismo, la actitud panteísta es excepcional. No obstante la frecuencia con que se emplea la fórmula “todo es Brahman”, casi siempre se aclara que Brahman es distinto del todo y del hombre, y se habla de la salvación de las criaturas, promesa que carece de sentido si las criaturas son una ilusión o Brahman mismo (pp. 213-4).

Estas nuevas aportaciones no hacen más que confirmarme que el panteísmo, siendo una teoría plausible y en extremo tentadora, no se aviene por completo a mi sistema de pensamientos, --aunque se aviene mucho mejor que cualquier seco dualismo. No me avergüenzo de haber sido, primigeniamente, un ortodoxo dualista, ni tampoco de haber sido panteísta una vez que hube descreído del dualismo, pero la verdad, me parece, no está en ninguna de esas dos escuelas, sino en el panenteísmo. Este concepto me sienta bien porque me permite hablar con Dios como si Dios tuviese oídos y a la vez me permite sospechar que mi relación con Dios es de una naturaleza completamente distinta de la que pudiera tener con cualquier otra persona con la que hablo. Dios está en el mundo --y por ende también en mí mismo--, pero a la vez lo trasciende; Dios no es el mundo solamente.

Pero ¡qué frío es todo esto! ¿Cuándo podré sentir a Dios en lugar de discurrir acerca de sus atributos?