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domingo, 21 de octubre de 2012

Haraganes y haraganes


Una araña en acecho, en el centro de su tela, parece dormir, acaso soñar; ¡tan inmóvil está! Pero apenas cae una mosca, ya está sobre ella. Es que estaba más activa que una ardilla dando vueltas en una jaula. Esto sí que es ociosidad de la mala.
Miguel de Unamuno, "En un rato de ocio"

Mi cuñada Evelina me dio a entender el otro día que yo era un haragán. ¿Yo haragán? Puede ser, siempre y cuando definamos mejor el concepto. Entonces voy a contestarle a Evelina con las mismas palabras que utilizó Vincent van Gogh para defenderse del cargo de haragán que parecía imputarle su hermano Theo:


... Porque hay haraganes y haraganes.
Está aquel que es haragán por pereza y cobardía de carácter, por la bajeza de su naturaleza; si te parece bien puedes tomarme como tal.
Luego está el otro haragán, el haragán muy a pesar suyo, que es roído interiormente por un gran deseo de acción, que no hace nada porque se ve en la imposibilidad de hacer algo, porque está como aprisionado por alguna cosa, porque no tiene lo que le haría falta para ser productivo, porque la fatalidad de las circunstancias lo reduce a ese estado; dicha persona no siempre sabe lo que podría hacer, pero siente por instinto: ¡sin embargo yo sirvo para algo, siento en mí una razón de ser! ¡Sé que podría ser un hombre distinto! ¡Entonces para qué podría ser útil, para qué podría servir! ¡Hay algo adentro de mí, qué cosa es!
Este es un haragán muy distinto, ¡si te parece bien puedes tomarme como tal!
Un pájaro enjaulado en la primavera sabe muy bien que hay algo para lo cual serviría, siente muy bien que hay algo que hacer, pero no puede hacerlo, ¿qué es? No recuerda bien, luego tiene ideas vagas, y se dice «los otros hacen sus nidos […] y empollan los huevos», luego se golpea el cráneo contra los barrotes de la jaula. Y luego la jaula se queda allí y el pájaro está loco de dolor.
«He aquí un haragán» dice otro pájaro que pasa, éste es una especie de rentista. Sin embargo el prisionero vive y no muere, nada de lo que pasa adentro aparece afuera, está bien de salud, está más o menos alegre en los rayos del sol. Pero viene la estación de las migraciones. Acceso de melancolía; pero --dicen los niños que lo cuidan en su jaula-- sin embargo tiene todo lo que necesita; pero él mira hacia afuera el cielo oscuro, cargado de tormenta, y en su interior siente la rebelión contra la fatalidad. «¡Estoy enjaulado, estoy enjaulado, y entonces no me falta nada, imbéciles! ¡Tengo todo lo que necesito, eh! ¡Ah, por favor, libertad, ser un pájaro como los demás pájaros!»
Aquel hombre holgazán se asemeja a este pájaro holgazán.
Y los hombres se ven a menudo en la imposibilidad de hacer algo, prisioneros en no sé qué jaula horrible, horrible, muy horrible (carta fechada en julio de 1880).

Mi jaula horrible --quizá más horrible que la de Van Gogh-- se llama siglo XXI.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Izquierdismo, consumismo y haraganería


No vamo' a trabajar,
no vamo' a trabajar,
no vamo' a trabajar,
no vamo' a trabajar.
Rodolfo Zapata, No vamos a trabajar

Fervor izquierdista.
Fervor izquierdista es el que había en la España barojiana de la década del 30, a consecuencia de la Segunda República, y el que hay también ahora en mi país, a consecuencia del Segundo Peronismo --también llamado kirchnerismo. Y ¿cuál es la fuerza motora de estos izquierdismos políticos? El odio, el odio al rico y el odio al patrón; y si el patrón es rico, el odio asciende a la máxima potencia. Baroja se quejaba de esta situación, del odio que impedía el diálogo entre las partes en conflicto, forzando al obrero primero al silencio y luego a la venganza:

Está usted creyendo que ha obrado con justicia dentro de lo que uno puede hacer, y se encuentra usted con que se tienen enemigos capaces de pegarle a uno un tiro por la espalda si tuvieran valor para ello. En otros lados se le presentaría a usted un obrero cara a cara y le diría: "Yo creo que me ha perjudicado usted por esto o por lo otro", y habría una explicación; pero aquí no, se callan y luego si pueden lo revientan a uno (Pío Baroja, Comunistas, judíos y demás ralea, p. 104).

Aquí, en la Argentina kirchnerista, no llegan a reventar a los patrones, simplemente se limitan a envidiarlos desde lejos. El obrero desearía ser patrón, o mejor dicho, desearía ganar tanto dinero como su patrón, porque le han puesto en la cabeza que el consumo es lo que vale y no la producción. Y entonces se desespera por consumir... y le tiene asco al producir. El ideal de vida del obrero argentino --no de todos pero sí de una buena parte-- es pasársela con un buen plan social, con un buen subsidio a la haraganería de los tantos que rifa este gobierno, y saborear así las mieles del consumo evitando al mismo tiempo la peste del trabajo.
Pero ¿por qué será, estimado Baroja, que esta gente no quiere trabajar?

¡Qué se yo! Porque se entretienen con nada, mirando al cielo. Además, se cansan por cualquier cosa o dicen que se cansan. [...] Aquí no tienen qué hacer y se tumban. Usted no sé si habrá oído esa canción.
Cada vez que considero
que me tengo que morir,
tiendo la capa en el suelo
                  y me jarto de dormir.

Sí, aquí también somos así, con la diferencia de que además de haraganes, somos voraces consumidores. Nada hay de malo en ser haragán, en ser ocioso, si uno se atiene a las consecuencias de su haraganería, esto es, a la pobreza. Pero si uno pretende, a la vez que ser haragán, ser un rico propietario, ya la cosa se torna complicada para la salud de un pueblo, y es eso lo que está pasando aquí y ahora en este mi país, un país de gente que sueña con cargos políticos, pero no para trabajar por el bien común, sino justamente para dejar de trabajar... y atiborrarse de bienes personales.
¡Ah, la política!...