¡Ah, la política!...
Se afirma en mi país que ahora, desde que el
kirchnerismo está en el poder, la juventud ha vuelto a interesarse en la
política. Y se afirma esto con bombos y platillos, como si fuera deseable que
así sea en vez de ser contraproducente. Y es que la política, el interés por
los asuntos políticos y la militancia sobre todo, absorben tiempo, tanto a los
jóvenes como a los adultos, tiempo que podría dedicarse con mayor provecho a
otras actividades que ennoblezcan el espíritu en vez de sembrar el odio y la
discordia.
Ya Pío Baroja, en 1933, se quejaba de que esto mismo
sucedía en su país:
En ninguna parte la
política absorbe toda la vida como actualmente en España; la poca atención que
sobra se dedica al sport y a los peliculeros. Lo demás, la ciencia, la
literatura, el arte van a quedar tan esmirriados y tan pobres en nuestro país,
que no se les va a notar (Pío Baroja,
Comunistas, judíos y demás ralea, p. 112).
Recuerdo a mis compañeros de secundaria, y
particularmente a los que militaban dentro del centro de estudiantes de mi
escuela: no eran ellos, precisamente, los que más destacaban por su aplicación
al estudio, su laboriosidad y su inteligencia. Hoy en día en mi país, o al
menos en mi ciudad, toda la escolaridad secundaria no es más que un gigantesco
centro de estudiantes en donde lo que interesa es el chismerío político
fundamentalmente, muy por encima del estudio de las materias que se supone
deben manejarse con soltura para ingresar al mundo laboral cargado de buenas
ideas e iniciativas. Desde la más tierna juventud ya se les inculca el virus de
la política, y una vez infectados, difícilmente puedan negativizarlo. Pero ya
escucho la protesta de los activistas: "¡Eso es lo que pretenden los
golpistas, los militaristas, los derechistas: que la gente, y en especial la
juventud, no intervenga en la política o descrea de ella!". No lo niego:
al derechista le conviene tal desinterés, pero también le conviene a la cultura
y con eso me basta. Yo no voy a descreer de una idea sólo porque a otra gente
indeseable también le agrade. Si a Videla le convenía, por razones políticas,
evitar la contaminación de ríos y mares, ¡qué!, ¿habría que haberlos
contaminado tan sólo para disgustarlo? No: más allá de cualquier coyuntura
política, la contaminación de las aguas es una acción inética; y asimismo,
politizar precozmente a las personas, en lugar de inculcarles otros valores más
culturosos, me parece un accionar inético por mucho que coincidan conmigo
ciertos personajes que de la ética jamás han tenido ni remotas noticias.