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lunes, 11 de junio de 2012

Los propósitos de mi vida

En cada momento de nuestra vida tenemos un propósito, y a él conspira la sinergia de nuestras acciones. Aunque al momento siguiente cambiemos de propósito. Y es en cierto sentido un hombre tanto más hombre, cuanto más unitaria sea su acción. Hay quien en su vida toda no persigue sino un solo propósito, sea el que fuere.
Miguel de Unamuno, Del sentimiento trágico de la vida

¿Cuáles son los propósitos de mi vida? Tres: pensar, escribir... y que mis escritos y mis pensamientos trasciendan. Lo demás es un mero relleno, incluida la búsqueda de la santidad. La santidad sería en mí, si acaso pudiera conseguirla o vislumbrarla, un simple medio a través del cual ponerme en disposición de intuir y de pensar correctamente.

domingo, 10 de junio de 2012

Los vegetarianos, los perros y la tiranía del sentido del gusto

Cada vez hay más hombres que renuncian al consumo de la carne en Alemania, en Inglaterra y en América [...]. Este movimiento debe alegrar a los hombres que tratan de realizar el reinado de Dios en la tierra, no porque al vegetarianismo sea por sí mismo un paso hacia ese reino, sino porque es el indicio de que la tendencia hacia la perfección moral del hombre es seria y sincera, ya que esta tendencia implica un orden invariable que le es propio y que empieza por la primera etapa.
Hay que regocijarse por ello, y esta alegría es comparable a la que deben experimentar los hombres que, queriendo alcanzar el piso más alto de un edificio, hubieran pensado primeramente en escalar la pared y advirtieran, por fin, que el medio más sencillo es empezar por el primer peldaño de la escalera.
Tolstoi, Placeres crueles, cap. X





Sí, cada día son más los adeptos al vegetarianismo, pero nunca pasan de ser, aquí en Occidente, más que un grupo enfervorizado por esa idea pero reducido en número en comparación con la masa del pueblo. Y esto es así porque la fuerza de las papilas gustativas es inmensamente superior, en el hombre de hoy, a la fuerza que pudiera ejercer sobre su voluntad una ideología o incluso un sentimiento.
Y esta sujeción, esta tiranía del sentido más innoble, menos espiritual como lo es el sentido del gusto, no se limita solamente al ámbito humano: han caído bajo su influjo también los perros. Al menos esa es la opinión de Julio Camba. ¿Creen ustedes --nos pregunta este amante del buen comer--,

creen ustedes que los perros sean tan amigos del hombre como se dice por ahí? Yo opino que son amigos de la cocina, y nada más. Los alimentos no condimentados les repugnan tanto como a nosotros, pero como ellos son incapaces de condimentarlos, hacen toda suerte de bajezas para que nosotros se los condimentemos. Andan en dos pies, saltan por un aro, lamen las manos, mueven la cola... Algunos hasta tiran de unos carritos, o guardan las propiedades, o se meten a policías. No hay duda alguna de que el hombre ha conquistado al perro sacándolo del estado salvaje y reduciéndolo a una condición de domesticidad, pero esta conquista se la debe única y exclusivamente a la cocina. La sumisión del perro es un triunfo del arte culinario (La casa de Lúculo o el arte de comer, p. 21).

viernes, 8 de junio de 2012

El socialismo de Oscar Wilde

"Con la abolición de la propiedad privada tendremos un verdadero, hermoso, sano  Individualismo. Nadie perderá su vida en acumular cosas y los símbolos para las cosas. Se vivirá. Vivir es la cosa menos frecuente en el mundo. La mayoría de la gente existe, eso es todo.
Será maravilloso ver la verdadera personalidad del hombre. Se desarrollará natural y simplemente, como crece una flor o un árbol. No estará en discordia. Nunca argumentará ni disputará. No tendrá que demostrar cosas. Lo sabrá todo. Y sin embargo, no se preocupará por el conocimiento. Tendrá sabiduría. Su valor no se medirá con cosas materiales. No tendrá nada. Y sin embargo, tendrá todo y aunque se le saque, siempre le quedará, tan rico será. No estará siempre entrometiéndose con los demás, o pidiéndoles que sean como él. Los amará por ser diferentes. Y si bien no se entrometerá en la vida de los demás, los ayudará a todos, de la misma forma que una cosa hermosa nos ayuda, por ser lo que es. La personalidad del hombre será verdaderamente maravillosa. Será tan maravillosa como la personalidad de un niño.
[...] Lo que Jesús quiso decir al hombre era esto: «Tienes una magnífica personalidad. Desarróllala. Sé tú mismo. No imagines que tu perfección resida en acumular o poseer cosas externas. Tu afecto está dentro tuyo. Si solamente te dieras cuenta de esto, no querrías ser rico. Las riquezas ordinarias le pueden ser robadas a un hombre. Las verdaderas riquezas, no. En el tesoro de tu alma hay cosas infinitamente preciosas, que no te pueden quitar. Trata entonces de modelar tu vida en forma tal que las cosas externas no te dañen. Y trata también de librarte de la propiedad privada. Implica sórdida preocupación, infinito trabajo, continuo mal. La propiedad personal obstaculiza a cada paso al Individualismo»" (Oscar Wilde, El alma del hombre bajo el socialismo., pp. 21 a 24).

Este hombre, a quien ningún "filósofo" ha catalogado como filósofo, ha escrito una de las verdades más trascendentes de todas cuantas que he leído, seguramente sospechada por los "filósofos" pero no plasmada por ser ellos demasiado ricos y cobardes --cualidades incompatibles con el verdadero filósofo--, y esta verdad atenta contra la protección que todos los ricos y los cobardes necesitan para vivir. He aquí el párrafo completo:

"Junto con la autoridad, desaparecerá el castigo. Esto representa un gran beneficio; un beneficio de incalculable valor. A medida que se lee la historia, y no en las versiones expurgadas escritas para escolares y transeúntes, sino la de autoridades originales de cada época, uno se siente enfermo, no por los crímenes cometidos por los malvados, sino por los castigos infligidos por los buenos; y una comunidad se embrutece infinitamente más con el empleo habitual de castigo que con el crimen ocasional. Resulta obvio que cuantos más castigos se infligen más crímenes se producen, y la legislación más moderna así lo reconoce, y se ha propuesto disminuir lo más posible el castigo. Y donde éste ha podido realmente disminuirse, los resultados han sido extremadamente buenos. Cuanto menos castigo, menos crimen. Allí donde no exista castigo, el crimen dejará de existir, o si ocurre será tratado por los médicos como una forma lamentable de demencia y será curada con cuidados y bondad. Pues aquellos a quienes se llama criminales hoy día, de ninguna manera lo son. El hombre, y no el pecado, es el padre del crimen moderno. Esa es, en realidad, la razón por la que nuestros criminales son, como clase, tan absolutamente poco interesantes desde el punto de vista psicológico. No son ni los maravillosos Macbeths ni los terribles Vautrins. Son simplemente lo que sería la gente ordinaria, respetable y común si no hubiese tenido bastante para comer. Cuando quede abolida la propiedad privada, no habrá necesidad del crimen, nadie se interesará por él; dejará de existir. Por supuesto, no todos los crímenes son crímenes contra la propiedad, aunque éstos sean los crímenes que la ley inglesa, valorando más lo que el hombre tiene que lo que el hombre es, castiga con más terrible y horrible severidad (si efectuamos el crimen de asesinato, y consideramos a la muerte como peor que la servidumbre penal, punto sobre el cual entiendo que nuestros criminales discrepan). Pero aunque un crimen pueda no ser contra la propiedad, puede surgir de la miseria, la rabia y la depresión producidas por nuestro equivocado sistema de tenencia de propiedad, de modo que cuando el sistema quede abolido, desaparecerá. Cuando cada miembro de la comunidad tenga lo necesario para sus necesidades y su vecino no interfiera en su vida, no tendrá ningún interés en interferir en la vida de los demás. Los celos, que son una extraordinaria fuente de crimen en la vida moderna, son una emoción estrechamente ligada a nuestra concepción de la propiedad que, bajo el Socialismo y el Individualismo, desaparecerá. Es notable comprobar que en tribus de tipo comunitario, los celos son enteramente desconocidos" (pp. 27-8).

martes, 5 de junio de 2012

Un problema para los detractores del capitalismo

Posiciones a favor y en contra del capitalismo. Empiezo con un opositor, el argentino Ernesto Sabato, recientemente fallecido:


Se habla de los logros de este sistema cuyo único milagro a sido el de concentrar en una quinta parte de la población mundial mas del ochenta por ciento de la riqueza, mientras el resto, la mayor parte del planeta, muere de hambre en la mas sórdida de las miserias. Habría que plantearse que se entiende por neoliberalismo, porque en rigor, nada tiene que ver con la libertad. Al contrario, gracias al inmenso poder financiero, con los recursos de la propaganda y las tenazas económicas, los Estados poderosos se disputan el dominio del planeta.
El absolutismo económico se ha erigido en poder. Déspota invisible, controla con sus ordenes la dictadura del hambre, la que no respeta ideologías ni banderas, y acaba por igual con hombres y mujeres, con los proyectos de los jóvenes y el descanso de nuestros ancianos (Ernesto Sabato, Antes del fin, p. 96).


Y ahora, la gran abanderada del egoísmo capitalista, la ruso-norteamericana Ayn Rand:


No fueron importantes los bajos salarios y las duras condiciones de vida de los primeros años del capitalismo. Eso era todo lo que las economías nacionales de la época podían permitirse. El capitalismo no creó la pobreza, la heredó. En comparación con los siglos de hambruna precapitalista, las condiciones de vida de los pobres en los primeros años del capitalismo fueron la primera oportunidad de sobrevivir que jamás habían tenido. Como prueba, consideremos el enorme crecimiento de la población europea durante el siglo XIX, un crecimiento de más del 300%, comparado con el crecimiento previo, que había sido aproximadamente de 3% por siglo (Ayn Rand, Filosofía, ¿quien la necesita?, p. 129). 


Yo estoy mucho más cerca de la posición de Sabato que de la de Rand, pero el tema del crecimiento poblacional desorbitado que se dio a partir de la revolución industrial y del capitalismo sistematizado me deja mucho que pensar, al punto de que no sé muy bien a qué atribuir esta suba de la tasa de natalidad y esta disminución de la tasa de mortalidad (más allá de algunas evidentes mejoras en la higiene de las poblaciones) si me resisto a suponer que fue el sistema capitalista quien las propició. Así, los detractores del capitalismo nos topamos con un escollo difícil de salvar: ¿a quién debemos agradecer la explosión demográfica de finales del siglo XIX y la totalidad del XX?




domingo, 27 de mayo de 2012

LA TORTURA DEL SEÑOR CHOTAPIRI

El señor Chotapirí se jactaba de cumplir al pie de la letra ese sabio precepto ético que dice que no hay que hacerles a otros lo que no deseamos que otros nos hagan. En eso pensaba cuando se fue a dormir a su habitación en esa noche que amenazaba tormenta. Y soñó. Soñó que se hallaba en un bosque inmenso y agradable, rodeado de una tranquilidad enaltecedora que aplacaba cualquier espíritu. Buscando qué comer, se internó en la vegetación y avistó una brillosa manzana que parecía pender de la nada. La tomó con sus manos y procedió a hincarle el diente, pero en ese preciso momento la manzana se transformó en un clavo grueso y puntiagudo que fue a incrustársele justo en medio de las amígdalas. (La señora de Chotapirí recuerda muy bien ese día porque su marido, dormido como estaba junto a ella, ensayó un alarido ensordecedor que "salió de su alma misma, no de su garganta".) De la cabeza del clavo nació una larga cadena. El señor Chotapirí se sirvió de ella para intentar deshacerse de su dolor, jalando la con fuerza y rogando a Dios que la cadena le arrancase la razón de su tormento. Pero no lo logró; el clavo estaba muy arraigado. Decepcionado, y atemorizado tanto por el sufrimiento como por la ignorancia de no saber qué ocurría, se dejó caer sobre la hierba del bosque. Parecía que el dolor lo abandonaba, o como que ya se había acostumbrado y no lo sentía, cuando de repente la cadena se tensó y comenzó a querer llevárselo. Al principio se resistió, pero cuanto más se oponía más se agudizaba el suplicio, y además llegó un momento en que la cadena se tensaba con tanta fuerza que ni siquiera rodeando a los árboles con sus brazos lograba impedir el éxodo.
El arrastre duró unos pocos segundos, pero al señor Chotapirí le parecieron lustros. Cuando comprendió que era inútil luchar, simplemente caminó hacia donde la cadena lo llevaba. Pero los tirones dejaron de ser lentos y uniformes y se hicieron despiadadamente convulsivos, y a partir de ahí ya no pudo incorporarse.
La cadena continuó con los sacudimientos hasta llevar al señor Chotapirí hasta los confines del bosque. Más allá de la vegetación estaba la playa, y más allá de la playa, el mar.
El señor Chotapirí iba tragando arena mientras se arrastraba zigzagueante por los médanos, abierta su boca cual draga que hace huella en tierras secas. Pero la ingesta de arena no era su mayor inquietud: la cadena se perdía en el mar, y hacia el mar lo llevaba.
Desesperado, el señor Chotapirí logró ponerse de rodillas y avanzar unos metros en dirección opuesta a la marea. Pero sólo gracias a un respiro que se tomó la cadena. Instantes después, su cuerpo ya estaba en el agua.
Chapoteó y chapoteó sin parar para evitar ahogarse, pero la cadena lo llevaba cada vez más hacia la hondura, hasta que sintió que no hacía pie. Nadando un poco en la superficie, lograba respirar, pero enseguida la cadena lo lanzaba aguas adentro, y se ahogaba. Sin importarle los desgarramientos de su garganta, braceaba en contra de la fuerza que lo sojuzgaba buscando las burbujas de aire que llegaban detrás de las olas, pero al fin todo fue profundidad y agua salada.
Contuvo la respiración todo el tiempo que pudo. Luego comenzó a inflamarse, a llenarse de agua los pulmones.
En eso estaba cuando divisó quién era el causante de la sucia maniobra. La cadena era jalada por un horrible y gigantesco monstruo que vivía en las profundidades marinas. La expresión de la inhumana bestia era terrorífica, pero también se adivinaba en ella una cierta insipidez: ojos enormes, redondos y sin párpados que miraban fijamente a ninguna parte; boca también redonda que abría y cerraba sin cesar como si todo el tiempo quisiese pronunciar una "o" que nunca salía de sus labios; cabeza descomunal pero finita... Chotapirí se dio tiempo para suponer, en medio de su agonía, que aquella criatura era mucho más estúpida que él, a pesar de que era él quien estaba en la trampa.
Así murió, ahogado ante la vista de su asesino. Un asesino frío, tonto y malo. Sus últimos pensamientos tuvieron que ver precisamente con eso: ¿es una casualidad que todos los tontos y feos sean malos?, se preguntó antes de tragar el último sorbo de agua.
Pero al tiempo que moría, despertaba. Se alivió hasta el infinito al comprender que todo había sido una pesadilla, y que lo que había él vivido no podría vivirlo ningún hombre sino en sueños. Después le contó a su esposa lo soñado, y ésta le comentó que hacía escasos instantes había él gritado de un modo escandaloso. El señor Chotapirí le dijo a su amada que seguramente el mal sueño había sido causado por la comida ingerida esa noche. "Nunca más cocines pescado para la cena", le dijo. Luego se volvió a tapar con la sábana, giró hacia la pared y se posicionó para seguir durmiendo. Pero al rato se volvió sobre su esposa, y, con gesto serio, abrevió y a la vez extendió el mandato: "Nunca más cocines pescado". Y entonces sí se durmió tranquilo.

martes, 22 de mayo de 2012

Teoría de la inversibilidad digestiva


Si cuando ingresamos alimentos por el primer eslabón del aparato digestivo (la cavidad bucal), éstos, mediante un proceso químico, salen por el eslabón terminal de dicho aparato (el ano) convertidos en excremento, de la misma forma, si introducimos por nuestra boca una cantidad apreciable de excremento, éste saldrá por el ano transformado en alimento.

Revolucionaria teoría que terminará de una vez por todas con el problema del hambre y la desnutrición infantil.
La hipótesis está siendo estudiada desde tiempos muy remotos en nuestros laboratorios. Ya son tantos los ensayos y experimentos acerca del tema que no dudamos ni un instante en la veracidad de nuestra afirmación. Sin embargo, aún no pudimos demostrar nada a la sociedad por carecer de voluntarios que accedan a ejemplificar la teoría.
Pero vayamos por partes; no es tan sencillo como parece. Cuando ingerimos un alimento, éste sufre la extracción de sus elementos nutritivos por parte del organismo para luego transformarlos en sangre. Entonces, lo que llamamos excremento, que sale después al exterior, es el alimento sin sus nutrientes.
Cualquier persona que haya leído la teoría sin ponerse a razonarla hubiese pensado que bastaba con ingerir un poco de caca para que se convirtiera en comida, pero no es así. Si degustáramos un sorete proveniente de un bife de chorizo, por ejemplo, luego de esperar el proceso de digestión inversa observaríamos que por nuestro ano salen pedazos de grasa, nervios y algún que otro trozo de carne en dudoso estado, pertenecientes todos al bife anteriormente citado. Todo lo que se rescató del churrasco fueron sus partes carentes de sustancias nutritivas, ya que lo demás había sido asimilado por el organismo.
Eso mismo sucederá con excrementos de cualquier otro tipo (clase). Lo que necesita la fecal materia para ser ingerida con resultados positivos es que se le devuelvan las vitaminas, minerales y proteínas que el proceso digestivo normal le ha quitado. Será entonces todo muy fácil, pues actualmente se conocen de cualquier alimento todos los nutrientes que lleva y en qué cantidad.
Pongamos ahora el ejemplo de materia fecal proveniente de un pastel de naranja. Si la comemos tal como la hemos defecado sucederá algo similar que con el churrasco. Nuestras investigaciones revelaron que para que el proceso tenga un exitoso resultado deberá incorporársele al excremento una cantidad de vitamina C semejante a la del pastel, más pequeñas dosis de otros nutrientes provenientes de los demás ingredientes (azúcar, crema, etc.). Si los nutrientes se agregan en la proporción justa, no tendremos más que comerlo y esperar la digestión inversa para que, al evacuar, veamos no sin asombro que de nuestro ano asoman porciones completamente desparramadas del pastel antedicho. El alimento estará destrozado, pero mantendrá todas las propiedades nutricionales de cuando fue creado por primera vez. Esto sucede debido a que, cuando comemos el excremento con nutrientes, éste se dirige al estómago como si fuera un alimento común y los elementos químicos de nuestro organismo se preparan para extraer sus productos nutritivos, pero al ingresar la caca a la cavidad estomacal los nutrientes que lleva consigo no pueden ser extraídos por los jugos gástricos debido a que están protegidos por los complejos elementos químicos pasivos que tiene la mierda. Lo que resulta de la conjunción de los elementos químicos activos del estómago y pasivos del excremento es la naturalización de los nutrientes, conjuntamente con la transformación del resto del sorete en alimento.
Seguramente el proceso interno es de difícil entendimiento para cualquier ser de razonamiento normal, pero no para nuestros químicos, quienes merecen todo el crédito por descubrir este juego de transformaciones que además de combatir la desnutrición creará nuevas fuentes de trabajo, como seguramente lo serán las PVE (plantas vitaminizadoras de excrementos), complejas industrias en donde ingresarán toda clase de desperdicios humanos, y por qué no animales, para que luego manualmente con maquinaria especializada se les agreguen sus correspondientes compuestos nutricionales.
Es necesario que quede perfectamente claro que el ingerir excrementos vitaminizados no alimenta; lo que nutre es la comida que nacerá por nuestros cantos y que volveremos a saborear.
Muchos afirman que el costo de un sorete vitaminizado de espinacas, por ejemplo, será equivalente al costo de la propia espinaca. Puede ser que esto suceda al principio, pero cuando la idea se masifique los precios serán insignificantes debido a que la materia prima (la caca) es gratis y las vitaminas son de un costo mucho menor al de los alimentos, ya que se agregarán en muy pequeñas cantidades.
Se verá cómo en un futuro no muy cercano, cuando comiencen a escasear los alimentos en la Tierra, los sanitarios tendrán cloacas que desagoten directamente en las plantas vitaminizadoras de excrementos, con lo que además de combatir el hambre este proyecto hará mermar la contaminación de ríos y mares.
Es sabido que para el año 2000 y pico, época en la que se calcula comenzará a escasear el alimento, se fabricarán pequeñas cápsulas con vitaminas comprimidas que bastarán para alimentar el organismo de las personas. Esto está muy bien, pero si nuestra teoría es aceptada, el placer de saborear un suculento puchero o un sabroso pollo al horno permanecerá hasta esa época. No queremos pastillas químicamente tratadas ni vitaminas comprimidas, queremos en el futuro continuar deglutiendo manjares verdaderos. Y lo vamos a lograr, así tengamos que comer mierda por el resto de nuestros días...

Grupo Prosaico Mancomunado, diciembre de 1987

lunes, 21 de mayo de 2012

Teoría de la sobreocupación de neuronas

Nuestro cerebro posee una cantidad innumerable de neuronas. Son realmente muchísimas, pero no son infinitas. En su vida, una persona adquiere conocimientos todos los días, los cuales se van alojando en las diferentes neuronas que no están ocupadas por conocimientos anteriores. En la mayoría de los casos, las neuronas de un ser humano promedio bastan y sobran tranquilamente para acumular los conocimientos que dichos seres reciben en toda su vida, pero si alguna persona llegara a asimilar una cantidad de experiencias extrañas a su ser mayor que la cantidad de neuronas de que dispone, a partir de ese momento al mencionado sujeto se le borrarán de su mente todos los conocimientos anteriores al que rebasó el cerebro.

Esta es una de las teorías que ha sido comprobada y que los hombres de ciencia en realidad aceptan, pero temen difundirla en público por el siguiente motivo, ¡a saber!: estos señores están aterrados con la idea de que, si la hipótesis saliera a la luz, las personas, atemorizadas por la misma, dejen de adquirir conocimientos y este mundo se llene de ignorantes. Pero sucede que, en lo que no reparan, es en que esto se podría evitar, ya que hubo síntomas que se reiteraron en los pocos casos que se conocen en toda la historia del humanidad, y si esas desafortunadas personas hubieran estado enteradas de esta teoría y de los síntomas que la preceden, habrían detectado la “enfermedad” y alejádose de ella, cosa que podría suceder con futuras víctimas.
Los síntomas de que una persona está a punto de llegar al momento crítico se manifiestan de la siguiente manera: el sujeto en cuestión se mostrará extraño, distraído, pero el detalle que lo delatará se producirá cuando duerma, que es el único momento del día en el cual una persona no es proclive a adquirir conocimientos. En dichos momentos, las personas que se encuentren cerca de la futura víctima podrán percibir claramente cómo la misma vocifera y hasta grita frases o cualquier otro tipo de concepto incorporado no hace mucho tiempo a su cerebro, como ser, de tratarse de un científico, fórmulas matemáticas, o si el desdichado es un artista, filósofo o similar, se escucharán frases o narraciones de imágenes asimiladas últimamente. Estos síntomas tan claros no son más que un impulso del cerebro que pugna por desalojar los últimos conocimientos adquiridos, previendo lo que en definitiva le está por suceder: su saturación.
Los “sueños hablados” se repiten aproximadamente durante diez o quince días antes de que el proceso de sobreocupación llegue a su culminación.
Otro síntoma que, a diferencia del anterior, será notado por el enfermo, radica en que esta persona sentirá que ya no tiene la misma velocidad mental para razonar y asimilar los conocimientos. Será así que, faltando uno o dos días para el desenlace fatal, a la víctima le tomará aproximadamente cinco horas interpretar un chiste de Quino en la revista de Clarín y no las dos horas que lo tenía acostumbrado. Pero no se deberá llegar a ese extremo, porque faltando pocas horas para la saturación sería prácticamente imposible salvarlo.
Y porque no sólo somos genios, sino que también somos humanos, no nos quedamos en la fácil. Podríamos, tranquilamente, enunciar esta extraordinaria teoría y esperar que la fama y el dinero nos caían desde arriba mientras los afectados por la misma se retuercen de impotencia. No sólo no buscamos fama ni honores, ya que no nos damos a conocer ni lo haremos nunca, sino que además de ser humildes buscamos el mejor destino para la humanidad, a la que odiamos, pero no por eso queremos destruir.
Por lo antedicho, y para que nadie se aterre de Nuestra revolucionaria hipótesis, hemos trabajado también en la solución para que nunca más una persona vuelva a ser víctima de esta extraña patología. Y lo hemos logrado!!!
Cuando a una persona que conozcamos comiencen a sucedérsele los síntomas nombrados, sobre todo el de los “sueños hablados”, procederemos de inmediato con los siguientes pasos, siempre lo más rápido posible y tratando de convencer a la víctima de que lo que se le hará será por su bien, tratando de no explicarle más nada para que no siga acumulando cosas en su marote. Luego de las breves explicaciones, el sujeto será llevado a un cuarto pequeño y sin ventanas y se lo colocará en posición horizontal sobre una cama, sillón o similar, siempre buscando su comodidad. Se le vendarán los ojos y se le colocarán tapones en los oídos, así como también cintas o sogas que lo sujeten contra la cama.
Deberá permanecer en esas condiciones como mínimo por un mes y durante ese tiempo nunca deberá estar solo. Siempre habrá alguien con él para alimentarlo y para atenderlo en sus necesidades fisiológicas, así como para auxiliarlo si intentara alguna medida drástica víctima de la incómoda situación que atravesaría.
Se dijo que el tratamiento sobrepasa los treinta días, pero en realidad el tiempo exacto para terminarlo llega cuando el hombre deja de hablar de sus conocimientos durante la noche. Esto por lo general ocurrirá al mes, pero es probable que ese periodo se extienda incluso hasta los seis meses.
Es preciso que durante toda la convalecencia no se le hable ni una sola palabra. Sí se recomienda hacerlo hablar al individuo y demostrarle que no está solo.
No se hizo hincapié en la primera parte del tratamiento, pero sin duda es primordial que el paciente comprenda que lo que se le está haciendo es por su bien. Para ello es necesario que quienes inicien el tratamiento sean personas apreciadas y si es posible queridas por el enfermo, pues de lo contrario podría pensar que todo eso forma parte de una especie de tortura, y al no encontrar los porqué de ella se llenará de dudas y terminará por volverse loco.
Cuando el individuo no hable dormido durante tres o cuatro días consecutivos será la señal que dará término al denominado “PDC” (proceso de desaturación cerebral). A partir de ese momento el individuo podrá situarse nuevamente en contacto con el mundo exterior, pero una nueva vida comenzará para él, ya que deberá alejarse terminantemente de la actividad que lo absorbía en el pasado para dedicarse a una etapa de descanso y diversión, en lo posible sin preocupaciones laborales.
Se le prohibirá leer cualquier tipo de libro y evitará tener charlas prolongadas y discusiones.
Se ha dicho que, de concretarse la sobreocupación de neuronas, el cerebro de la persona afectada queda en blanco, o sea, se prepara para empezar de nuevo, como nacer otra vez. Sin embargo, existen ciertas ocasiones en las que el órgano pensante no se desocupa totalmente, quedando algunas neuronas con conocimientos en su interior. Estos casos son los peores, ya que al chocar los viejos conocimientos ya elaborados con los que ingresan, sin elaborar y extremadamente primitivos por ser los primeros de una nueva vida, se produce una lucha interna que desemboca en la locura. Pero esta es la locura más peligrosa que pueda existir, ya que por momentos el cerebro coordina de una manera increíble debido a los antiguos conocimientos que no lograron salir. Es así que su inteligencia tiene picos de genialidad y de delirio.
Estos extrañísimos de locura se dan cuando los conocimientos que rebalsaron el cerebro (¿extrañísimos de locura?) son demasiados y extremadamente complejos, al punto que una vez asimilados se aferran al cerebro de manera tal que se hacen difíciles de eliminar. Generalmente, los datos que perduran por siempre son los del tipo matemático y no los filosóficos, que tienden a borrarse con mayor facilidad.
Con todo lo antedicho se explica, y es una forma de verificar que esta teoría es cierta, el comportamiento de algunos genios físicos y matemáticos que, pasada una etapa de cordura en sus investigaciones y descubrimientos en beneficio de la humanidad, dedicaron sus vidas a la concepción de maquiavélicos experimentos de muy extraña calaña. Estos personajes fueron llamados “genios locos” y abundaron en la época en que la ciencia daba sus primeros grandes pasos.
Ahora sabemos que esas personas fueron víctimas desafortunadas de la sobreocupación de neuronas y que tenemos en las manos el arma para evitar que hechos similares se repitan. Bastarale al que le toque disparar saber que tiene un arma y que funciona.

Grupo Prosaico Mancomunado, septiembre de 1988

domingo, 20 de mayo de 2012

Teoría de la propagación del sonido en relación con la vida animal

Las ondas auditivas son consumibles por los seres vivos animales.

Es una teoría similar a la segunda ya mencionada. Se comenzó a investigar una vez concluido el proyecto que, de no ser por un tecnicismo de la corte, hubiera condenado al grupo prosaico a cadena perpetua.
Las escasas situaciones experimentales que se han sucedido dejaron en su haber resultados muy satisfactorios, como por ejemplo nuestra investigación en un conocido salón bailable de nombre "Aengó” situado en Las Toninas, ciudad balnearia de la provincia de Buenos Aires.
En el verano pasado se alquiló dicho local por una noche, con todo y gente. Se le comunicó al disc jockey que situara el volumen de la música a un nivel alto, pero no ensordecedor. Luego se procedió a retirar a las personas hacia el exterior del recinto. Conforme salía la gente se notaba un fuerte incremento en la potencia del sonido. Esto significaba claramente que cada ser humano allí instalado consumía una parte del sonido, al igual que ocurriera con la luz.
La prueba final dejó al grupo más que atónito. Se les solicitó a los presentes que, al ritmo de la música, se tapasen y destapasen los oídos sincronizadamente. Nosotros --con los oídos destapados por supuesto-- apreciamos cómo subía y bajaba el volumen a medida que los presentes cubrían o dejaban libres sus orejas.
Las conclusiones fueron claras:

A) La teoría de la consumibilidad del sonido está marginalmente comprobada.
B) La gente se presta a cualquier pavada.

Grupo Prosaico Mancomunado, abril de 1989

sábado, 19 de mayo de 2012

Descartes y el sufrimiento de los animales


Contrariamente a lo que pensaba Descartes, obviamente los animales sufren.
Luc Ferry, Vencer los miedos


Parece que fuera erróneo el dato que yo tenía, y que tienen gran parte de los pensadores filosóficos, respecto de que Descartes no creía que los animales pudiesen sufrir. Si no, cómo explicar el siguiente pasaje:

De la descripción de los cuerpos inanimados y de las plantas, pasé a la de los animales y particularmente a la de los hombres. Mas no teniendo aún bastante conocimiento para hablar de ellos con el mismo estilo que de los demás seres, es decir, demostrando los efectos por las causas y haciendo ver de qué semillas y en qué manera debe producirlos la naturaleza, me limité a suponer que Dios formó el cuerpo de un hombre enteramente igual a uno de los nuestros, tanto en la figura exterior de sus miembros como en la interior conformación de sus órganos, sin componerlo de otra materia que la que yo había descrito anteriormente y sin darle al principio alma alguna razonable, ni otra cosa que sirviera de alma vegetativa o sensitiva, sino excitando en su corazón uno de esos fuegos sin luz, ya explicados por mí y que yo concebía de igual naturaleza que el que calienta el heno encerrado antes de estar seco o el que hace que los vinos nuevos hiervan cuando se dejan fermentar con su hollejo; pues examinando las funciones que, a consecuencia de ello, podía haber en ese cuerpo, hallaba que eran exactamente las mismas que pueden realizarse en nosotros, sin que pensemos en ellas y, por consiguiente, sin que contribuya en nada nuestra alma, es decir, esa parte distinta del cuerpo, de la que se ha dicho anteriormente que su naturaleza es sólo pensar; y siendo esas funciones las mismas todas, puede decirse que los animales desprovistos de razón son semejantes a nosotros (Discurso del método, quinta parte).

Por ahora, me quedo con este punto de vista, pero continuaré investigando para ver si en algún otro pasaje Descartes se contradice[1].


[1] En un artículo de Benjamín García Hernández intitulado "El mecanicismo animal de Gómez Pereira y el dualismo cartesiano", se afirma que el error parte de la polisemia que genera la palabra anima, y atribuye García Hernández a Descartes el mérito de haber desdoblado este concepto: "El uso de mens en relación con cogito es un gran acierto terminológico de Descartes, que le permite evitar la ambigüedad de anima [...]. Reducir la noción de anima al alma del ser racional supone negar a la palabra su sentido básico de «aliento y respiración» del que participan los demás animales y las plantas. [...] Descartes, al introducir el concepto monosémico de mens, es aquí mucho más original y coherente [que Gómez Pereira], de suerte que lo que él sostiene no es que los animales carezcan de alma, sino de mente. Por eso, quienes traducen este preciso término cartesiano por espíritu o alma, siendo así que el español dispone de mente, caen en la vieja trampa polisémica que el filósofo francés supo evitar". Lo que afirma Descartes, en definitiva, es que "la percepción de los animales se parece a la de un hombre cuando su mente se halla abstraída” (Humanismo y pervivencia del mundo clásico: Homenaje al profesor Antonio Fontán, autores varios, pp. 2304-5). Un hombre, por más abstraído que se hallare, sentirá dolor si lo patean o lo queman; ergo, según Descartes, los animales, pese a que no piensan, sufren.

viernes, 18 de mayo de 2012

Teoría de la compensación climatológica



La lluvia y el viento son factores fundamentales y desencadenantes de la climatología terrestre. Dichos factores varían o son constantes en los diferentes lugares del planeta, pero si analizamos uno por uno todos los rincones del globo terráqueo al mismo tiempo, todas las veces que lo creamos necesario, veremos que la cantidad de viento y lluvia que hay sobre la Tierra no ha variado desde que se tienen noticias de la misma.

Esta teoría podría ser, si los hombres de ciencia la admitieran como tal, una de las más relevantes de la historia debido a los beneficios que podría acarrear en materia de desastres climatológicos.
Para quien ha sido superado por nuestra hipótesis, simplificaremos su contenido con un ejemplo, que es la forma más rápida de asimilar una idea: Supongamos que --para hacerlo sencillo -- en todo el hemisferio sur está lloviendo. Sabiendo esto, y suponiendo cierta nuestra teoría, sabremos que en el hemisferio norte no hay lluvias en ese momento, o las hay en forma escasa. Supongamos ahora que en el norte del planeta están desatándose fuertes ráfagas de viento; con ese único dato podremos deducir que en ese instante el sur goza de una que otra brisa o directamente carece de viento. Por supuesto que nunca va a suceder algo parecido a los ejemplos antedichos, pero estas suposiciones valen para clarificar la hipótesis.
¿Qué es el viento? Para los creyentes, el viento fue creado por Dios junto con la Tierra y todo lo demás. Desde el punto de vista de esta teoría no importa demasiado qué es el viento o cómo fue creado. El viento existe y punto, y está dando vueltas hace siglos por donde se le canta. ¿Nunca se preguntó por qué de repente hay viento y de repente ya no? El "aire ligero" está esparcido por la Tierra y deambula por ella a su antojo, entonces hete aquí que nos basamos en esto último al afirmar que se pueden prever y prevenir los temporales. Ojo, no confundir: podemos prevenirlos, pero no controlarlos. Porque en definitiva, ¿qué es el viento huracanado, eh? Es una acumulación masiva de viento. Entonces, si se aceptase nuestra teoría, se construiría una central climatológica a la que llegarían informaciones del estado del viento en todos los sitios del planeta; y cuando se sepa que en gran parte del mismo el viento tiende a calmarse, se dará por cierto que en las otras porciones de la Tierra habrá grandes posibilidades de que se acerque furioso a asecharlas.
Asimismo, en el caso de los huracanes y tornados, se necesita tanto viento para provocarlos el 90% del planeta deberá resignar su porción de viento para que ésta se sume al huracán que lentamente se va formando. Entonces, cuando la central climatológica reciba informes de todas las latitudes que aduzcan que el viento se aliviana cada vez más, deducirá de qué lugar no le han suministrado esa información y alertará a la central de ese sitio sobre un futuro temporal, que no podrá ser evitado, pero no tomará a la gente desprevenida.
El viento es aire a gran velocidad. Cuanto más viento se junta más velocidad toma. Y es en este preciso momento y no antes que nos damos cuenta de que nuestra idea sobre que el viento fue creado sólo una vez tiene mucho de mentira. Claro, es mentira, porque si a esa masa de aire a gran velocidad la aislamos de su entorno perderá su energía cinética y se convertirá en aire común, o sea, habremos eliminado parte del viento. Si esto no fuera así, cuando nos entrara viento en la casa nos volveríamos locos tratando de echarlo por el quilombo que haría.
Sabemos entonces, con este vuelco en nuestra teoría, que el viento se esfuma si lo arrinconamos. Y si se esfuma, ya no vuelve a ser viento. Los atolondrados de siempre refutarán esto aduciendo que, siendo así las cosas, la Tierra se quedaría tarde o temprano sin ese preciado regalo de la naturaleza, pero en lo que no reparan ellos es en que, si bien el viento desaparece continuamente, también se crea en forma continua. Se crea, por ejemplo, cuando respiramos en la calle. La respiración es un viento muy pequeño que si lo largamos entre cuatro paredes perderá velocidad y morirá, pero si esa misma respiración la exhalamos en un lugar abierto, con un mínimo de viento, ésta se unirá a la brisa, asimilará su velocidad y se confundirá con ella. Millones de seres repiten a diario esta operación, por eso el viento nunca desaparecerá.
También provocan viento los ventiladores (siempre en lugares abiertos si queremos que perdure), los automóviles que circulan por el tejido urbano e incluso un simple pedo al aire libre puede ser parte de un futuro tornado una vez que sus impurezas se decanten.
Es sabido que todos odian el viento en invierno y lo reclaman en verano, pero nadie había hecho nada para remediar estas situaciones. El día que se acepte nuestra teoría, la solución, por ejemplo, para terminar con el viento en invierno, estará al alcance de nuestras manos. Bastará con que la ciudad acosada por el molesto y frío viento adopte las siguientes actitudes, a saber: cuando el viento esté en su apogeo, pululando por las calles cual ráfagas asesinas de ametralladora, la gente abrirá las puertas de sus hogares en clara invitación para que ingrese en éstos, y cuando el ventarrón haya penetrado en gran medida en las casas, cerraremos las puertas y el viento, al verse encerrado, perderá velocidad y desaparecerá. Esta operación, si se quiere terminar con una buena parte del viento, deben repetirla todos los habitantes de la ciudad (que posean una puerta el exterior, por supuesto) durante más o menos dos minutos para obtener los primeros resultados satisfactorios. Se verá cómo, después de ese lapso de tiempo, habrá desaparecido gran parte del molesto viento que acosaba la tranquilidad de la urbe. Sin embargo, de nada serviría realizar la operación antedicha si luego de ella todo el mundo saliese la calle y se pusiese a respirar como si nada, creando nuevamente una masa de aire veloz similar a la que disgregaron; por lo tanto, además de lo de hacer entrar al viento, se completará la labor saliendo a la calle siempre con tanques de oxígeno o, si se estima un procedimiento más casero, bastará con que se camine por el exterior con las manos en la boca para que las respiraciones que se exhalen se diluyan en las propias palmas de quien las ejecute.
Será así que entonces, si queremos disfrutar de un verano con brisas refrescantes, saldremos a la calle a soplar con todas nuestras fuerzas durante cinco o diez minutos, todos al mismo tiempo. Es recomendable para el éxito del intento que previamente se indique a los habitantes hacia qué dirección o punto cardinal deberán dirigir sus soplidos. Si todos se orientan para el mismo sector el viento se unificará rápidamente. Esta modalidad produce fuertes vientos, pero los induce a retirarse hacia la dirección elegida. Para que las ráfagas perduren un poco más, aunque no sean tan rápidas, un buen sistema es el de apuntar los soplidos hacia un punto de la ciudad, preferentemente situado en el centro geométrico del conglomerado; de esta manera, los vientos se unirán en ese sitio y de allí saldrán desperdigados en varias direcciones. Para los más perezosos, los soplidos pueden ser reemplazados por ráfagas de aire de algún matafuegos que les sobre. Con este método, necesitaremos sólo diez minutos de soplidos y una perfecta sincronización horaria para provocar brisas refrescantes durante todo el día.

Recomendación: Si se desea provocar vientos realmente refrescantes es aconsejable colocarse un cubo de hielo en la cavidad bucal antes de comenzar con la tarea de soplado.

Advertencia: Será necesario manejarse con mucho cuidado y organización cuando se desee modificar el desarrollo climatológico del viento en algún punto del planeta. Siempre que se quiera proceder de alguna de las formas mencionadas anteriormente, deberá avisarse a la central climatológica mundial para que ésta coordine los horarios con otra ciudad que desee hacer el proceso inverso. De esta manera no se alterará la compensación climática que posee el planeta: desaparecerá el viento en una ciudad, pero se creará en otra.

Grupo Prosaico Mancomunado, julio de 1988