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sábado, 8 de mayo de 2010

Anécdotas protagonizadas por gente loca (2ª parte)

C. L., 64 años. Cuando la conocimos, hace seis años, estaba sacando un colchón de su habitación para colocarlo en medio del pasillo. La enfermera, que la conocía de muchos años, nos dijo que este ritual ocurría todos los días. Y así pudimos comprobarlo. Se trata de una maniobra higiénica que integra un complejo sistema. La paciente está muchas veces cubierta por un manto de plástico y, además, coloca adelante plásticos entre pies y calzado. Según ella, todo está contaminado. En su desesperación por alcanzar la limpieza perfecta, puede llegar a bañarse varias veces en una noche. [...] Cuando siente que, por falta de elementos, no puede mantener la higiene en el nivel que ella quiere, alcanza una distimia irritada y, a la vez, trágica. No sólo insulta del peor modo a cualquiera sino, además, se pone de rodillas y suplica con las manos juntas, mirando hacia el cielo. Esta mezcla de insultar con implorar resulta, ciertamente, curiosa. [...] No mantiene relaciones con otras enfermas. A veces está sentada en un banco del pasillo, silenciosa y ensimismada; entonces puede pararse con rapidez y realizar un saludo militar al ver que un médico pasa junto a ella. Al sentir los desagradables efectos oculares de los neurolépticos, se presenta para pedir la medicación correspondiente diciendo "tengo el fulminatum de la vista". Se considera "extinta-fallecida". Al preguntarle cómo puede hablar si está muerta, nos dice: "no sé, soy muy bruta, nunca me puedo explicar... hace mucho me pasaron al mor". "¿Qué es el mor?", preguntamos, y contesta "mor de muerte". [...] En los últimos meses comenzó a quejarse de un aumento en el volumen de sus senos, y afirma que algunos médicos --"médicos de muerte"-- están utilizando una máquina para modificar su cuerpo. "Podemos romper la máquina" le decimos, y responde "no, no hagan eso, si se rompe la máquina me muero". "¿Cómo va a morir, si usted es extinta-fallecida?" le preguntamos, y otra vez nos contesta "no sé, soy muy bruta, nunca me puedo explicar". [...]
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N. C., 60 años. Hace más de cuatro décadas que está en el hospital. Vive en permanente actividad; nunca la hemos visto descansando en su cama; si se mete en cama es para dormir. Cuando pasa al lado de una mesa o una silla, se inclina y le dice "vos no le hagas caso" o "dejalo como está" [...]. Puertas, marcos de ventanas, caños, canillas, manijas, pueden detener la marcha de la paciente; ésta mira fijamente esos objetos y les envía un signo de negación, agitando su extendido dedo índice derecho. Puesto que manijas y ventanas se encuentran a cada rato, la marcha de la paciente también se interrumpe a cada rato. [...] Cuando se encuentra entre nosotros, en el consultorio, puede ir de una persona a otra diciendo, a cada uno, "Sabalán el portero", "no puedo, que pasa?", "uh, qué lío", "ocupate de esas cosas", "parece que no vino nadie", "es extraño, no?", "vos qué pensás de Don José?", o sus casi constantes "vos no le hagas caso" y "dejalo como está". Muchas veces se dirige a las personas utilizando el nombre de su hermano (Carlos). A la enfermera le dijo, como de pasada, "qué pasa Carlos... vino la encargada?"; a un médico le dijo "Carlos, está por venir el portero"; a otro médico le ha dicho "me canso aquí Carlos". Pero conoce los nombres de todos los médicos. Al doctor R. le dice "fijate Carlos... parece que el doctor R. se volvió loco". Al doctor O. le ha dicho "Carlos, vos no le hagas caso al doctor O.". A veces utiliza un nombre varias veces y con diferentes funciones en una misma frase; por ejemplo "qué pasa Don José, parece que Don José es Don José". A veces ríe de buena gana, se dirige a alguien y, entre risas, le dice "qué lío, ahora va a venir Sabalán y vos no estás". Tiene épocas negativistas, en las cuales resiste todo contacto interpersonal y grita caprichosamente. [...] Cierto día, mientras la enfermera le ponía las zapatillas, ella se irritó, expulsó a la enfermera y anudó los cordones con rápida seguridad; luego se quitó las zapatillas y las tiró por la ventana. [...]
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M. D., 40 años. A los doce años comenzó a sufrir distimias malhumoradas, con agresividad. En el colegio permanecía aislada y decía que las compañeras no la querían. [...] Actualmente pasa casi todo el día en cama, junto a su radio permanentemente encendida. Si la enfermera le ordena levantarse, va al jardín y permanece solitaria en un banco, siempre con la radio. Sólo se baña cuando se lo piden la madre y la enfermera. Se junta con otras pacientes para tomar mate, pero no participa en las conversaciones. Casi siempre responde nuestros saludos, pero jamás saluda espontáneamente. A veces la vemos mirando hacia el pabellón vecino --y sólo en esta actitud muestra cierto interés. Una vez le preguntamos qué miraba y respondió "no sé... me parece como si hubiera una niebla... ¿puede ser que ese edificio sea ruso?". A pesar de nuestros esfuerzos, no conseguimos ningún detalle acerca de estas vivencias. [...]
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1 comentario:

  1. Estaría fantástico que cites la fuente bibliográfica de estos textos copiados: Goldar JC, Rojas D, Outes M. Introducción al diagnóstico de las psicosis. Ed. Salerno. Bs. As., 1994. 215 pp.
    El caso CL, por ejemplo, está entre las páginas 23 y 25. El de NC en las 38 y 39. ¿Sigo?

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