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martes, 20 de noviembre de 2012

Voltaire como eximio financista


Quiere dinero, con todas sus fuerzas, pero, como suele suceder, odia los métodos que emplea para construir su fortuna y a aquellos a quienes debe tratar para lograrlo. Podemos encontrar aquí el origen de su antisemitismo visceral que intentará, más tarde, transformar en antijudaísmo filosófico.
Pierre Lepape, Voltaire



Al comparar a Voltaire con Goethe, David Strauss llega a la conclusión de que el francés

vivía mucho menos para su interior [...]; sus trabajos, sus litigios, su codicia y sus planes financieros tenían su espíritu constantemente distraído (David Strauss, Voltaire, p. 73).

¿Planes financieros? Parece que sí, parece que Voltaire no encontraba incompatible la profesión de escritor con la de cambista:

Aquel hombre tenía un magnífico olfato para ventear los buenos negocios. No prestaba atención a los acontecimientos del día simplemente con ojos de historiador, sino también con ojos de financiero (Strauss, ibíd, p. 118).

Tal era su astucia en cuestiones de inversiones que en cierta ocasión llegó a descolocar a un judío especialista en la materia (cf. ibíd., pp. 118 a 121), ocasión que aprovechó Lessing para ridiculizarlo con el siguiente epigrama citado por Strauss con regodeo:

Y si queremos saber el motivo
de por qué no triunfó la astucia del judío,
la razón no puede ser más sencilla:
porque el señor V. resultó ser mucho más pillo.

Este diz que intelectual, que no pocas veces la emprendió contra los judíos, se comportaba a veces como el más eximio de los judíos usureros. No digo que sean incompatibles la intelectualidad severa y la especulación monetaria, pero..., pero..., pero no sé cómo terminar la frase. Pongámoslo del siguiente modo: entre los pensadores de renombre, ¿se conoce alguno que haya sido adicto a estas otras especulaciones no tan espirituosas? Si se me contesta que no, entonces Voltaire habría sido el primero y el único que se ha metido en tales asuntejos, lo cual sería una invitación para dejar de incluirlo --como yo ya lo hice hace tiempo-- dentro de la selecta lista de los preclaros pensadores[1].



[1] ¿Y cómo se puede ser un pensador preclaro si no se venera a la diosa de los filósofos, a la diosa Verdad? Según Strauss, "nunca fue Voltaire muy escrupuloso con la verdad cuando trataba de conseguir algún fin o aunque no fuese más que un efecto oratorio" (ibíd., p. 138). Sacrificar la verdad en aras de la oratoria o el estilo es una acusación muy seria para un pensador filosófico; pero pese a no haber leído gran cosa de Voltaire, le doy por ahora la derecha al alemán, dejando abierta la posibilidad de rectificar este juicio en lo futuro.

lunes, 12 de noviembre de 2012

El modus vivendi de Voltaire


... Y perdido en la dilucidación íntima de su derrotero iba comprendiendo la verdad siniestra de que los poetas no viven de los versos, sino éstos de los primeros.
Juan López Núñez,  Bécquer

¿Puede un poeta vivir con cierto desahogo valiéndose pura y exclusivamente de los frutos de su inspiración? Hoy en día pareciera que no, que no es esto posible en la gran mayoría de los casos, y lo mismo sucedía en el siglo de Voltaire. La Alemania de aquel entonces, por ejemplo,

distaba más que cualquier otro país de los tiempos en que el poeta, viviendo del producto de sus obras, pudiera aspirar a una existencia holgada y segura: así, Klopstock no podía prescindir del gracioso sueldo que le pagaban [...] el rey de Dinamarca y del margrave de Baden; Goethe necesita, para vivir, de sus estipendios como ministro de Wéimar, y Schiller no habría podido desenvolverse [...] sin la pensión del duque Carlos augusto. Y, aun así, estos tres altísimos poetas tenían que atenerse a una vida muy sencilla y modesta, para poder sostenerse con cierto decoro, sumando a aquellos ingresos los que sus obras les producían (David Strauss, Voltaire, p. 41).

Esta perspectiva se cernía también sobre la economía de Voltaire, pero muy lejos estaba de aceptarla con tanta placidez como lo hicieron los alemanes: "He visto a tantos hombres dedicados a la literatura vivir pobres y despreciados, que decidí, desde hace mucho tiempo, no aumentar sus filas" (pasaje autobiográfico de Voltaire, citado por Strauss en ibíd, p. 51). Strauss reflexiona:

Voltaire no era hombre para llevar una vida tan morigerada y frugal. Consideraba que el genio tenía tanto derecho a ser respetado y a vivir bien como la nobleza de nacimiento y también en cuanto a los placeres de la vida pretendía equipararse a la grandeza y a la aristocracia. Pero su genio, por grande que fuese, no bastaba para proporcionarle los medios materiales que esta clase de vida requería; con los productos de sus solas obras, jamás habría llegado a adquirir la riqueza que ambicionaba. Para lograrla, necesitaba, además de las pensiones y pequeños sueldos de favor de que disfrutaba, recurrir a especulaciones financieras, en las que jamás habría podido entrar sin la protección de personajes poderosos. Esto daba a sus relaciones con tales personajes un carácter completamente distinto al que estamos acostumbrados a encontrar en las relaciones entre los grandes poetas y los poderosos de nuestro país [Alemania]. La mayor intimidad con estos personajes, no siempre dignos, ni mucho menos, contribuía también a rebajar la dignidad del poeta francés, en vez de realzarla. [...] Por no querer rebajarse en su dignidad, decidió Rousseau contentarse con el respeto y limitarse a un mínimo de goces y placeres de orden material, oponiendo a una sociedad preocupada tan sólo del brillo y la voluptuosidad el orgullo del hombre arisco y que sabe bastarse a sí mismo. De un lado Aristipo, del otro Diógenes.

Rousseau eligió la pobreza y el desprecio; Voltaire, el dinero y los placeres. Y para elegir tales fines y tal medio, debió transigir con los poderosos, debió adaptar su pensamiento al pensamiento aristocrático. Sus anhelados lujos le costaron, nada más ni nada menos, que su independencia de criterio. Para un poeta y para un autor de obras teatrales, esto no es tan problemático, pero para un pensador... Por eso es que siempre digo que Voltaire ha sido un gran poeta y un gran autor de obras teatrales.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Voltaire y sus mujeres


Explica a continuación Strauss el porqué del permanente influjo recibido por Voltaire de diferentes mujeres, y cómo fue posible que este influjo, que necesitaba del previo acercamiento material de las dos personas, se concretizara sin mayores desventuras:

Para un hombre como él, que carecía de hogar y no se sentía atraído por el matrimonio, era una necesidad muy natural encontrar cierto calor de intimidad en una casa amiga, cerca de una mujer que supiera estimarlo y mimarlo. En unos casos andaba de por medio el amor; en otros, no; la dama en cuestión era unas veces viuda y otras veces casada, pues, aunque el amor se mezclase en el juego, los maridos de aquel tiempo solían ser gente muy razonable (David Strauss, Voltaire, p. 34).

La razón campeaba en aquellos años y en esos países, campeaba incluso dentro de las cuestiones cornamentosas, en donde nos es, a nosotros, tan difícil imponerla. Maridos razonables, heridos quizá, pero siempre razonables: una especie en desgraciada extinción.

viernes, 9 de noviembre de 2012

La pelea entre Voltaire y Rousseau


En medio de la proverbial y acalorada disputa que mantuvieron durante largos años los dos grandes escritores del siglo XVIII, Voltaire, según nos cuenta David Strauss, "llegó a echarle en cara a Rousseau que el padre de éste había sido zapatero del suyo" (David Strauss, Voltaire, p. 33). Típica salida de un oligarca despreciativo de las clases menos acomodadas. Esta anécdota confirma mi simpatía hacia Rousseau y mi antipatía hacia Voltaire, aunque no por ello niegue los méritos literarios del antipático ni las manías idiosincrásicas y las contradicciones del ginebrino.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Otra explicación del mal desde un punto de vista no ateo


La naturaleza del mal está en el mundo como un blanco puesto para adiestrarnos y no para hacernos errar.
Epicteto, Enquiridión, XXXIV

Nuevo argumento en defensa de un dios que permite la maldad en el mundo, sin que por ello tenga que tildárselo de sádico o de impotente. Lo encontré buceando en internet:

Un profesor universitario retó a sus alumnos con esta pregunta.
-¿Dios creó todo lo que existe?
Un estudiante contestó valiente:
-Sí, lo hizo.
-¿Dios creó todo?
-Sí señor, respondió el joven.
El profesor contestó: 
-Si Dios creó todo, entonces Dios hizo el mal, pues el mal existe y bajo el precepto de que nuestras obras son un reflejo de nosotros mismos, entonces Dios es malo. El estudiante se quedó callado ante tal respuesta y el profesor, feliz, se jactaba de haber probado una vez más que la fe cristiana era un mito.
Otro estudiante levantó su mano y dijo:
-¿Puedo hacer una pregunta, profesor?
-Por supuesto, respondió el profesor.
El joven se puso de pie y preguntó:

-¿Profesor, existe el frío?
-¿Qué pregunta es esa? Por supuesto que existe, ¿acaso usted no ha tenido frío?
El muchacho respondió:
-De hecho, señor, el frío no existe. Según las leyes de la Física, lo que consideramos frío, en realidad es ausencia de calor. Todo cuerpo u objeto es susceptible de estudio cuando tiene o transmite energía, el calor es lo que hace que dicho cuerpo tenga o transmita energía. El cero absoluto es la ausencia total y absoluta de calor, todos los cuerpos se vuelven inertes, incapaces de reaccionar, pero el frío no existe. Hemos creado ese término para describir cómo nos sentimos si no tenemos calor.
-Y, ¿existe la oscuridad?, continuó el estudiante.
El profesor respondió:
-Por supuesto.
El estudiante contestó:
-Nuevamente se equivoca, señor, la oscuridad tampoco existe. La oscuridad es en realidad ausencia de luz. La luz se puede estudiar, la oscuridad no, incluso existe el prisma de Nichols para descomponer la luz blanca en los varios colores en que está compuesta, con sus diferentes longitudes de onda. La oscuridad no. Un simple rayo de luz rasga las tinieblas e ilumina la superficie donde termina el haz de luz. ¿Cómo puede saber cuan oscuro está un espacio terminado? Con base en la cantidad de luz presente en ese espacio, ¿no es así? Oscuridad es un término que el hombre ha desarrollado para describir lo que sucede cuando no hay luz presente.
Finalmente, el joven preguntó al profesor:
-Señor, ¿existe el mal?
El profesor respondió:
-Por supuesto que existe, como lo mencioné al principio, vemos violaciones, crímenes y violencia en todo el mundo, esas cosas son del mal.
A lo que el estudiante respondió:
-El mal no existe, señor, o al menos no existe por si mismo. El mal es simplemente la ausencia de Dios, es, al igual que los casos anteriores un término que el hombre ha creado para describir esa ausencia de Dios. Dios no creó el mal. No es como la fe o el amor, que existen como existen el calor y la luz. El mal es el resultado de que la humanidad no tenga a Dios presente en sus corazones. Es como resulta el frío cuando no hay calor, o la oscuridad cuando no hay luz.
Entonces el profesor, después de asentir con la cabeza, se quedó callado.

Se dice que la historia es verídica y que su protagonista --el alumno-- fue Albert Einstein, pero esto me parece altamente improbable. Y el argumento, desde luego, no es concluyente, porque no es del todo lícito extrapolar tales conceptos científicos hacia la cuestión de la moral o la ética. No es concluyente, digo, desde el punto de vista lógico, pero en sentido alegórico es fascinante...

martes, 30 de octubre de 2012

La inteligencia y sus niveles


Gradación de la inteligencia:
1) Inteligencia utilitaria. Es la empleada en la utilización de artefactos y herramientas. Todo ser humano con uso de razón la posee, e incluso algunos animales no humanos también han dado muestras de poseerla.
2) Inteligencia social. Es la empleada en el trato con nuestro prójimo. Casi todo ser humano con uso de razón la posee.
3) Inteligencia política. Es la empleada en la elaboración de ideas, esquemas o ideales relacionados con nuestra situación política y económica y con la de nuestro entorno. La generalidad de la gente la posee, aunque sólo un pequeño porcentaje la utiliza correctamente; el resto (gran cantidad de periodistas incluidos) no pasa del mero chismerío, la crítica sin propuestas alternativas y la inmoral delación.
4) Inteligencia científica. Es la empleada en la elaboración de ideas relacionadas con la ciencia en sus diferentes vertientes. Muy poca gente la posee, y menos aún son quienes alcanzan a elaborar teorías revolucionarias en este campo.
5) Inteligencia filosófica. Es la empleada en el análisis, en la elaboración y en la síntesis de ideas o teorías relacionadas con el ámbito de la filosofía propiamente dicha. Un mínimo porcentaje de la población actual del planeta la posee, y menos aún son quienes alcanzan a manejarla con el desparpajo suficiente como para trascenderla y llegar hasta su mismo nudo, hasta su mismo corazón, y así comprender los engranajes íntimos de la realidad que nos circunda. Y dentro de esta última inteligencia --puesto que también es susceptible de gradación-- destaca la inteligencia ontológica, que es la que nos permite llevar a buen puerto nuestras especulaciones metafísicas, impugnando posiciones e ideas inconciliables que en apariencia podrían complementarse o viceversa. Y destaca también, por sobre la inteligencia ontológica, la inteligencia trascendente, que es la que nos permite resolver los problemas trascendentales de nuestra existencia.
Entre la inteligencia utilitaria y la inteligencia trascendente hay, pues, una buena cantidad de inteligencias intermedias. Tal vez no podamos llegar, por razones de índole genética o educativa, a rozar las bondades de la inteligencia trascendente, pero sí o sí deberemos, si queremos egresar del plano racional más básico y elemental, abandonar la inteligencia utilitaria, la social y la política para elevarnos hacia la ciencia y la filosofía. De tal elevación dependerá el futuro de la raza humana, porque si seguimos volando tan bajo como hasta el presente necesariamente nos estrellaremos, no digamos ya contra las altas cumbres nevadas, sino incluso contra las más insignificantes colinas del pensamiento.

domingo, 28 de octubre de 2012

La ética argentina y su mayor lumbrera: el doctor Ricardo Maliandi



He aquí un resumen de los más notables hitos en el historial académico de mi amigo y maestro Ricardo Maliandi:

1964. Doctor en Filosofía por la Universidad de Maguncia (Alemania).
1965-2005. Investigador del CONICET.
1965-1971. Profesor Titular de Ética en la Universidad Nacional de La Plata.
1967. Faja de Honor de la Sociedad de Escritores de la Provincia de Buenos Aires.
1968-1969. Profesor Invitado en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Maguncia.
1971-1995. Profesor Titular de Ética en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.
1996-(continúa). Profesor Titular de Ética en la Universidad Nacional de Mar del Plata.
1970. Premio Provincial de Ciencias, otorgado por el Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires.
1976-1977. Profesor Invitado en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Maguncia.
1977-1978. Profesor Titular de Filosofía Contemporánea en la Universidad Simón Bolívar, de Venezuela.
1983-1984. Director del Departamento de Filosofía de la Facultad de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (nombrado por elección).
1985-2006. Fundador y Director del Centro de Investigaciones Éticas "Dr. Risieri Frondizi" de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.
1985-(continúa). Director y Fundador de la revista Cuadernos de Ética.
1986-(continúa). Fundador y  Presidente de la Asociación Argentina de Investigaciones Éticas.
1986. Profesor Contratado de Ética (Universidad Nacional de Córdoba).
1986-1995. Asesor y organizador del Comité de Ética clínica del Hospital Garrahan, Buenos Aires.
1988. Profesor Contratado de Ética (Universidad Nacional de Río Cuarto).
1986. Premio Konex en Ética.
1989. Académico Correspondiente de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires
1992-(continúa). Miembro Honorario de la Sociedad Argentina de Fenomenología y Hermenéutica.
1995. Designado Huésped de Honor de la Universidad Nacional de Río Cuarto.
1996. Miembro del Gran Jurado para la adjudicación de los Premios KONEX, en el área Humanidades.
1997-1998. Director (por Concurso) del Centro Cultural Victoria Ocampo (Villa Victoria) en Mar del Plata.
1990-2000. Coordinador de la Comisión Asesora de Filosofía (CONICET).
1999.  Segundo Premio Nacional de Filosofía  (El primer premio se declaró desierto).
2002. Medalla del ICALA como colaborador al intercambio cultural latinoamericano.
2002-(continúa). Director de la Licenciatura en Filosofía de la UCES.
2004. Diploma de reconocimiento de UCES como “Maestro Inolvidable”.
2005-(continúa). Director del Doctorado en Filosofía de la Universidad Nacional de Lanús.
2006-(continúa) Miembro del Centro Filosófico Internazionale Karl-Otto Apel, Cosenza, Italia.
2007. Sesión especial del Segundo Congreso Internacional Extraordinario de Filosofía, organizado por la Biblioteca del Congreso de la República Argentina, la Biblioteca Nacional y la Universidad Nacional de San Juan. En San Juan, julio de 2007. Al mismo congreso fue invitado como conferencista, junto a los profesores Roig y Lorenzano, en la Sesión Especial “Maestros de la Filosofía Argentina”, sobre “El proyecto humano y su futuro; alternativas”.  
2010-(continúa). Académico Titular de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires.
2011. Tres libros colectivos de Homenaje, publicados por la UNRC (1995), la UNLa (2009) y la Univ. Católica Silva Henríquez (Chile) (2011).

Y como si esto fuera poco, agréguese ahora el Premio Nacional de Cultura en la categoría ensayo filosófico, que acaba de ser adjudicado a Maliandi por su ensayo --que más que ensayo sería un tratado-- intitulado Ética convergente, del cual se publicaron los dos primeros tomos y falta el último. Un honor para mí el ser amigo de esta luminaria viviente de la ética argentina.
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sábado, 27 de octubre de 2012

La araña y la mosca



Le gustaba fumar una pipa; o, cuando quería divertirse más tiempo, buscaba algunas arañas y las ponía a pelear entre sí, o arrojaba una mosca en la telaraña, y la batalla le provocaba tal placer que a menudo prorrumpía en carcajadas.

 Johann Köhler, Biografía de Spinoza



Rescaté a una mosca que se hallaba enredada en una tela de araña. La araña ya estaba sobre ella, pero la espanté con una lapicera y con el mismo objeto liberé a la mosca de sus ataduras. Evité una muerte y algo de sufrimiento, pero dejé a la araña hambrienta. ¿Hice una obra de bien? Creo que sí.
Tarea para la evolución universal: hacer vegetarianas a las arañas... o hacer insensibles a las moscas.

lunes, 22 de octubre de 2012

El joven Marx, devoto cristiano


Poco antes de su graduación en el gimnasio de Tréveris el 24 de septiembre de 1835, Karl Marx, que contaba entonces con 17 años de edad, escribió un ensayo titulado Sobre la unión de los fieles con Cristo según Juan XV, 1-14, descrita en su base y esencia, en su necesidad incondicional y en sus efectos. Su contenido refleja una fe apasionada y firme en Dios y en la mediación de Cristo. He aquí algunos pasajes de dicho ensayo:

El corazón, la razón, la inteligencia, la historia, todo nos habla con voz fuerte y convincente de que la unión con Él es absolutamente necesaria, que sin Él somos incapaces de cumplir nuestra misión, que sin Él seríamos repudiados por Dios, y que sólo Él puede redimirnos.
[...]
Este amor por Cristo no es estéril, no sólo nos llena del más puro respeto y adoración hacia Él, sino que también actúa impulsándonos a obedecer sus mandamientos y a sacrificarnos por los demás, porque somos virtuosos, pero virtuosos sólo por amor a Él.
 Este es el gran abismo que diferencia la virtud cristiana de las demás y la hace superior a todas ellas; este es uno de los mayores efectos que produce en los hombres la unión con Cristo.
La virtud [...] no es producto de una estricta doctrina del deber, como lo encontramos en todos los pueblos paganos; se debe al amor por Cristo, al amor por un Ser divino, y al provenir de una fuente tan pura, se libera de todos los vínculos terrenos y es verdaderamente divina. Desaparecen todos los aspectos repulsivos, todas las cosas terrenas se eclipsan, todo lo vulgar se disuelve, y surge la virtud, cada vez más dulce y más humana (párrafos extraídos del libro El desconocido Karl Marx, compilación a cargo de Robert Payne, pp. 49 y 50).

Años después, Marx se convertiría en un inclaudicable ateo. Una pena: me parece que habría ganado intensidad (y perdido virulencia) la doctrina marxista de haber sido redactada por alguien que creía que la virtud en el hombre proviene directamente de un ente metafísico que nos la irradia.

domingo, 21 de octubre de 2012

Haraganes y haraganes


Una araña en acecho, en el centro de su tela, parece dormir, acaso soñar; ¡tan inmóvil está! Pero apenas cae una mosca, ya está sobre ella. Es que estaba más activa que una ardilla dando vueltas en una jaula. Esto sí que es ociosidad de la mala.
Miguel de Unamuno, "En un rato de ocio"

Mi cuñada Evelina me dio a entender el otro día que yo era un haragán. ¿Yo haragán? Puede ser, siempre y cuando definamos mejor el concepto. Entonces voy a contestarle a Evelina con las mismas palabras que utilizó Vincent van Gogh para defenderse del cargo de haragán que parecía imputarle su hermano Theo:


... Porque hay haraganes y haraganes.
Está aquel que es haragán por pereza y cobardía de carácter, por la bajeza de su naturaleza; si te parece bien puedes tomarme como tal.
Luego está el otro haragán, el haragán muy a pesar suyo, que es roído interiormente por un gran deseo de acción, que no hace nada porque se ve en la imposibilidad de hacer algo, porque está como aprisionado por alguna cosa, porque no tiene lo que le haría falta para ser productivo, porque la fatalidad de las circunstancias lo reduce a ese estado; dicha persona no siempre sabe lo que podría hacer, pero siente por instinto: ¡sin embargo yo sirvo para algo, siento en mí una razón de ser! ¡Sé que podría ser un hombre distinto! ¡Entonces para qué podría ser útil, para qué podría servir! ¡Hay algo adentro de mí, qué cosa es!
Este es un haragán muy distinto, ¡si te parece bien puedes tomarme como tal!
Un pájaro enjaulado en la primavera sabe muy bien que hay algo para lo cual serviría, siente muy bien que hay algo que hacer, pero no puede hacerlo, ¿qué es? No recuerda bien, luego tiene ideas vagas, y se dice «los otros hacen sus nidos […] y empollan los huevos», luego se golpea el cráneo contra los barrotes de la jaula. Y luego la jaula se queda allí y el pájaro está loco de dolor.
«He aquí un haragán» dice otro pájaro que pasa, éste es una especie de rentista. Sin embargo el prisionero vive y no muere, nada de lo que pasa adentro aparece afuera, está bien de salud, está más o menos alegre en los rayos del sol. Pero viene la estación de las migraciones. Acceso de melancolía; pero --dicen los niños que lo cuidan en su jaula-- sin embargo tiene todo lo que necesita; pero él mira hacia afuera el cielo oscuro, cargado de tormenta, y en su interior siente la rebelión contra la fatalidad. «¡Estoy enjaulado, estoy enjaulado, y entonces no me falta nada, imbéciles! ¡Tengo todo lo que necesito, eh! ¡Ah, por favor, libertad, ser un pájaro como los demás pájaros!»
Aquel hombre holgazán se asemeja a este pájaro holgazán.
Y los hombres se ven a menudo en la imposibilidad de hacer algo, prisioneros en no sé qué jaula horrible, horrible, muy horrible (carta fechada en julio de 1880).

Mi jaula horrible --quizá más horrible que la de Van Gogh-- se llama siglo XXI.