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viernes, 10 de abril de 2020

Nietzsche y el statu quo filosófico


Yo combato en la enseñanza de la filosofía, y en "la red de redes" intoxicada con el virus Nietzsche, a este racista criminal contra la humanidad aún escapado sin su Nuremberg. ¿Dónde están los cazanazis en filosofía?
Bernardo Alonso, “La terrible patraña Nietzsche”

Sucede con Nietzsche lo mismo que sucede con el dogma de la vacuna: como la mayoría de los “grandes” pensadores filosóficos del siglo XX lo ha estudiado y venerado, el aprendiz de filósofo queda perplejo y demora en atreverse a publicar una opinión desfavorable de sus ideas, por muy convencido que esté, en su fuero interno, de que Nietzsche es un pensador secundario.

La primera excusa que aportan los devotos veneradores de Nietzsche [a quienes afirman que Nietzsche no araña la categoría de pensador inteligente, ni hablemos la de filósofo] es que ha sido estudiado por los más eminentes filósofos del siglo, y apoyan sus comentarios ateniéndose a los comentarios de un comentarista que se basa en los comentarios que Deleuze, Derrida, o Gadamer mismo, hacen de los comentarios de Löwitz sobre los comentarios de Heidegger sobre la obra que nunca escribió Nietzsche, Voluntad de poder. [...] Hay honrosas excepciones, pero buena parte de la cultura del siglo XX ha recurrido con dudosa libertad interpretativa, escasa honestidad intelectual y limitado conocimiento inmediato, a los textos de Nietzsche, como pasa con los de Marx o Freud, con quienes Nietzsche forma la troika filosófica llamada por Ricoeur “los maestros de la sospecha", de la sospecha de ser maestros (Bernardo Alonso, “La terrible patria Nietzsche”, artículo disponible en internet).

Uno sospecha que las vacunaciones masivas serán calamitosas, en el largo plazo, para la salud del sistema inmunológico del ser humano —y con esto del coronavirus y la desesperación por encontrar una vacuna que lo eclipse, la sospecha se me hace patente—; pero uno se calla, porque clamar contra el aparato científico casi en soledad resulta una especie de suicidio intelectual. Y de parecida manera, uno sospecha que el pensamiento central de Nietzsche es pedestre por donde se lo mire (su pensamiento periférico es más interesante), pero se encuentra uno con el statu quo filosófico europeo que le dice que no, que Nietzsche fue un genio entre los genios del arte de discurrir. Sin embargo en este trance yo no me callo como tal vez me callo frente a los vacunistas, porque acá no estoy tan solo. Poco a poco, lentamente, aparecen, aquí y allá, pensadores transparentes que leyendo a Nietzsche sin prejuicio alguno y sin pasar por el tamiz de los comentadores, concluyen que no hay ahí nada que sea potable, que todo está contaminado, que son aguas servidas las que discurren a través de sus libros. Aún somos pocos, aún no tenemos la suficiente fuerza como para chocar contra el statu quo y derribarlo, pero ya vendrá el día en que ganaremos suficientes adeptos, y ahí veremos, razonando, quién derriba a quién[1].


[1] Continúa el maestro Bernardo Alonso citando egregios timadores que no le hacen asco a la filosofía de Nietzsche: "Las terribles boutades de Nietzsche según Hippolyte Taine, son solo ecantadora hyperbolic rhetoric para [...] Brian Leiter, y se tragan como ejemplo de sinceridad descarnada (“se atreve a decir lo que nadie osa”), como si las incitaciones a aniquilar millones de personas fueran puro juego lingüístico, meras ficciones literarias [...], o como si fueran solo ganas de llevar la contraria adrede, que bromea cuando dice que hay que exterminar a millones de tarados, y que ¡"es que hay que entenderlo"! (Christian Niemeyer, como Oscar Levy, el psiquiatra Jaspers de 1936, o C. G. Jung). [...] El colmo de la hermenéutica paranoica de nietzschistas es decir que Nietzsche no dice lo que dice, sino que dice lo que no dice. Es la philosophie de la différence, para Deleuze-Derrida, que es filosofia dell'indiferenza para el ínclito mixtificador mitificador Paolo D'iorio. Hay arrobados y arrobadas nietzschistas profesores universitarios y sesudos escritores que subliman la demencia de Nietzsche porque "es que era un genio", como si todos los locos fueran genios y todos los genios locos. Hay locos santos, "locos egregios" [...], y "locos malvados", como hay entre los sanos. Nietzsche es un loco perverso que se cree un genio malvado. Y muchos ratones encandilados o espabilados siguen su flauta" (op. cit.).

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