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jueves, 7 de noviembre de 2019

El boom de las enfermedades autoinmunes


Esperamos tener una vacuna lista para ser probada en unos dos años.
Margaret Heckler, presentando en 1984 la “probable” causa del sida

Un médico español, el doctor Enrique Costa Vercher, se pregunta, primero, por qué han recrudecido, o se han desarrollado, las enfermedades que producen inmunodeficiencias a partir de la década del 70 y no antes, y segundo, por qué se ensañan estas enfermedades generalmente con los individuos jóvenes, entre 30 y 40 años como rango etario en que atacan con mayor frecuencia, y difícilmente se desarrollan en los viejos, siendo que los viejos, por el solo hecho de serlo, presentan un sistema inmunitario deteriorado por la natural oxidación que producen los años. Si apoyamos la teoría de Duesberg, tanto la primera como la segunda pregunta pueden evacuarse afirmando que las drogas recreativas como la cocaína, mariguana, heroína, LSD, poppers, etc., se masificaron e ingresaron a un sector mucho más vasto de la población de las grandes metrópolis justamente en la década del 70 y principios de los 80, y estas drogas fueron las principales causantes del deterioro del sistema inmunitario, drogas que son consumidas por lo general por jóvenes y no por abuelos y por ello son los jóvenes quienes padecen el sida y no los viejos. Esta explicación es plausible, pero Costa Vercher propone otra teoría complementaria.
Si bien la vacuna se inventó a fines del siglo XVIII, su implementación masiva y obligatoria tardó muchísimos años en promoverse. Podría decirse que en el mundo desarrollado —que es en donde las enfermedades por inmunodeficiencia están haciéndose fuertes (ya he mencionado que el supuesto sida africano no es una enfermedad autoinmune sino muy otra cosa)—, la implementación masiva de la vacunación múltiple y obligatoria comenzó tibiamente después de finalizada la Segunda Guerra Mundial y se hizo fuerte a mediados de la década del 50. Hacia mediados de la década del 80, que es cuando el sida eclosiona, los enfermos, mayormente jóvenes homosexuales o bisexuales de entre treinta y cuarenta años, habían sido todos ellos sometidos a vacunaciones múltiples cuando niños. Los cincuentones y sesentones, en la década del 80, posiblemente también sucumbieran en buena medida a la tentación del consumo de drogas, pero ellos habían nacido antes de la Segunda Guerra, por lo que sus cuerpos, en la gran mayoría de los casos, no habían sido sometidos a la tortura de las jeringas.
Lo que hacen los médicos sanitaristas al obligar a vacunarse a la entera población de sus países, es, sencillamente, manipular el sistema inmunitario del vacunado para que responda a tal o cual amenaza en particular, en desmedro de su respuesta general al conjunto de todas las amenazas a las que el cuerpo se enfrenta. Nos inoculan el virus de la viruela bovina y quedamos fortalecidos para enfrentar a la viruela humana… pero debilitados para enfrentar al resto de las enfermedades oportunistas. Jugar con el sistema inmunitario sin conocerlo a fondo tiene sus consecuencias y ahora, sida mediante, las estamos pagando. Hemos creado una raza de individuos inmunizada contra tales o cuales enfermedades infecciosas y desinmunizada contra el resto de las enfermedades, muchas de ellas, como el cáncer, bastante más terribles, en cuanto a sufrimiento y tasa de mortalidad, que las enfermedades que la vacuna ha erradicado. El cáncer sube, las enfermedades del sistema inmunitario suben en el occidente desarrollado, y las enfermedades infecciosas descienden al ritmo de los pinchazos; ¿estamos haciendo negocio?
Los sanitaristas vacunófilos fanfarronean afirmando que hoy en día la gente vive muchos más años que otrora, que la expectativa de vida ha subido notablemente gracias, entre otras cosas, a las vacunas. Costa Vercher responde: ¿en qué época han nacido aquellos abuelos que hoy en día llegan a los noventa o a los cien años? Nacieron en la década del 20 y en la del 30, es decir, cuando la vacunación obligatoria todavía no se había implementado con suficiente rigidez. Gozaron de los nuevos beneficios de la sanidad bien entendida (mejoras dietéticas, cloacas, recolección de residuos, redes de agua potable, acceso a la información) y no llegaron a sufrir los perjuicios de la sanidad mal aplicada (vacunas y abuso farmacológico): el cóctel perfecto para una vida sana y prolongada. Esperemos unos treinta o cuarenta años y veremos cómo la expectativa de vida de los gerontes, lo mismo que su calidad de vida, descienden significativamente[1].
Más allá de ser esta una teoría difícilmente comprobable, tenemos este dato último, el pronóstico poco alentador del recule de la esperanza de vida en las urbes occidentales. Si se cumple esta profecía, tal vez, y solo tal vez, los médicos vacunadores caigan en la cuenta de su error y comprendan que manipular a sus antojos máquinas complejas y sutiles como el organismo humano con herramientas tan toscas como las vacunas es algo así como pretender reparar los engranajes de un reloj de pulsera con un destornillador de mecánico de autos y sujetándolo con guantes de boxeo.


[1] Lo sigo a Enrique Costa Vercher desde su libro Vacunas: una reflexión crítica, pp. 113 a 134.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

El problema del periodo de latencia


Jay Levy, una de las autoridades más respetadas en la investigación del sida en la década del 90, no podía explicar una de las grandes incongruencias que tiene la hipótesis vírica: el extensísimo período de latencia:

Los mecanismos exactos de la destrucción de las células CD4 y la deficiencia inmune no están todavía claros, ni tampoco cómo la heterogeneidad de las cadenas de VIH es eventualmente expresada. La latencia, así como muchos rasgos de la patogénesis del VIH, permanece misteriosa (El VIH y la patogénesis del sida, p. 617).

Peter Duesberg, socarronamente, le contestó: “No hay retrovirus lentos, sino retrovirólogos lentos”. Si el sida demora tanto en manifestarse no es porque el HIV se esté incubando sino porque el cuerpo se defiende de los agentes estresantes tanto tiempo como le es posible, hasta que al fin colapsa.

martes, 5 de noviembre de 2019

La rectificativa del verdadero descubridor del virus HIV


Mientras el doctor Gallo y sus secuaces continuaban embolsando fortunas gracias a las patentes de los test de HIV, el verdadero descubridor del virus daba en 1990 una vuelta de campana en sus creencias sobre las verdaderas causas del desarrollo del sida:

El sida no lleva inevitablemente a la muerte, especialmente si usted suprime los co-factores que soportan a la enfermedad. Es muy importante decir esto a la gente que está infectada. Creo que actualmente debemos poner el mismo peso en los co-factores que en el VIH. Los factores psicológicos son críticos a la hora de apoyar al sistema inmune. Si usted suprime este apoyo psicológico diciendo a alguien que está condenado a morir, estas mismas palabras ya lo han condenado a morir (Luc Montagnier, citado por Silvia Giménez en Sida, un debate silenciado, p. 42).

No descartó Montagnier que el HIV pueda tener alguna incidencia en la aparición del sida, pero consideró que esta incidencia sería menor en comparación con otros factores más decisivos. Así, el francés quedó a salvo del juicio histórico, cuyo martillo caerá de lleno en las cabezas de los científicos norteamericanos que continúan lucrando con este error diabólico[1].


[1] Años más tarde habló también Montagnier del papel relativo que juega el HIV en el desarrollo del sida: "Si usted y yo tenemos un buen sistema inmunitario podemos exponernos al virus del Sida y no infectarnos. Hay mucha gente expuesta al virus que no se infecta porque tiene una buena respuesta inmunitaria. Y de la misma manera hay personas inmunodeprimidas por diferentes factores, entre ellos los psicológicos, que son más sensibles a la infección y a que el virus se instale definitivamente. También son muy importantes otros factores. Como la nutrición. Hay pues que tomar antioxidantes porque los radicales libres deprimen el sistema inmunitario" (revista DSalud nº 102, febrero 2008; https://www.dsalud.com/reportaje/luc-montagnier-admite-que-el-vih-solo-es-un-problema-grave-si-el-sistema-inmune-esta-deprimido/).

lunes, 4 de noviembre de 2019

El canto de Gallo


Creo que el SIDA es tan falso como el virus del SIDA y el científico que lo parió. Creo que los métodos usados para su diagnóstico no son más que una pantomima científica cuyo objetivo no es otro que el de crear culpables y al mismo tiempo ganar suculentas cantidades de dinero. Creo que la industria farmacéutica produce muchos más enfermos que los que cura. Creo que la mayoría de los gobiernos del mundo conocen estos hechos y no hacen nada para evitarlos porque son subordinados directos de estas grandes multinacionales del horror. Creo que los canales informativos no son más que voceros de un poder establecido con unos intereses subordinados a estos grandes magnates. Y creo que la gente es conformista, cómoda y crédula y es capaz de ir directamente al matadero porque así se lo dice el poder establecido a través de los medios de comunicación.
Antonio Trillo, Descodificando el sida

Según Robert Gallo, “en el caso del HIV, la gran mayoría de las personas progresa al sida”[1]. ¿Es esto cierto? Parece que no. En los Estados Unidos —país de Gallo—, el número de seropositivos ha permanecido constante en un millón desde la aparición de la prueba generalizada de anticuerpos al VIH (1985). Sin embargo, en el 2016, siendo los infectados un total de 1.008.929 individuos, “murieron 15.807 personas con infección por el VIH diagnosticada en los Estados Unidos. Estas muertes pudieron deberse a cualquier causa” (CDC, “El HIV en los Estados Unidos”[2]). Nótese, primero, que las muertes que aparecen en la estadística “pudieron deberse a cualquier causa”, es decir que se incluyen también los accidentes, suicidios, etcétera, que no corresponde anunciar como muerte causada por el sida; y segundo, que el millón de personas a que alude la estadística tenían infección HIV diagnosticada, lo que implica que no se incluyen los casos no diagnosticados, es decir, quienes no se realizaron el test de HIV, con lo que la cifra de un millón de infectados, si incluyésemos a los no diagnosticados, seguramente se duplicaría o triplicaría. Pero supongamos que las 15.807 personas murieron efectivamente por causa del sida y que los infectados por HIV en los Estados Unidos son tan solo un millón: aun así, las muertes en el año 2016 corresponderían al 1,58% de los infectados. No creo que este porcentaje sea compatible con la afirmación de Gallo respecto de que el HIV progresa hacia el sida en la gran mayoría de las personas infectadas. Gallo suele situarse al amparo de intrincadas estadísticas y extensos estudios de campo para que los profanos, los legos, los no especializados no podamos refutarlo. Aquí, sin embargo, las estadísticas son tan claras y tan sencillas que no dan cabida a ninguna interpretación tendenciosa.
“Antes de que el gallo cante, me negarás tres veces”, le dijo Jesús a Pedro. Gallo viene cantando sus mentiras desde hace treinta y cinco años, y yo las seguiré negando, una vez, dos veces, tres veces y tantas veces como sea necesario hasta que Gallo anochezca.

domingo, 3 de noviembre de 2019

La condena por fraude científico a Robert Gallo


El más afamado científico que apoya la teoría del HIV como causante del sida es el estadounidense Robert Gallo. Sin embargo, este “prestigioso” investigador fue condenado en 1992 por fraude de patente y mala conducta por la Oficina de Integridad de Investigación del Departamento de Salud de los Estados Unidos, al querer atribuirse la paternidad del VIH que correspondía al científico francés Luc Montagnier.
El nudo de la controversia, tal como lo cuenta un diario español, ocurrió en 1991:

Hemos asistido a la penúltima batalla de “La Guerra del VIH” que enfrenta a los co-descubridores del virus del SIDA, el francés Luc Montagnier y el estadounidense Robert Gallo [...]. En 1983, Montagnier y su equipo del Instituto Pasteur de Paris aislaron el agente causante del SIDA [...]. Simultáneamente en EE.UU., Robert Gallo [...] trabajaba con los virus causantes de la leucemia, los primeros retrovirus conocidos, llamados globalmente HTLV. En 1984 anunció el descubrimiento de virus del SIDA, al que llamó HIB.
Hasta 1985 ambos equipos aislaron diversos cultivos del virus y demostraron su relación con el SIDA. Este año publicaron secuencias genéticas de los virus respectivos [...]: ambas eran casi idénticas. Esto sorprendió a los especialistas. [...] Esto podría haberse tomado como un capricho de la Ley de las Probabilidades de no haber enviado el Instituto Pasteur cinco muestras de su cultivo a Gallo en 1983. Inmediatamente se levantaron sospechas de que este había usado el cultivo francés en su investigación. El norteamericano lo negó pero en los años siguientes, se sucedieron los reproches y acusaciones veladas. [...]
Finalmente el Instituto Pasteur de Paris llevó a los tribunales al estadounidense, alegando que la prueba se había obtenido a partir de uno de sus cultivos. En 1987, con la intervención de los gobiernos, francés y norteamericano, se llegó a un acuerdo amistoso. Montagnier y Gallo acordaron la co-paternidad del descubrimiento y el reparto al 50% de los beneficios de la patente. Sin embargo, la duda persistía. ¿Había ocurrido una contaminación accidental en el laboratorio de Gallo o este se había apropiado del virus? En junio pasado Gallo se rindió y admitió que HIB provenía del Instituto de París. Montagnier manifestó que esto finaliza la parte científica de la controversia [...]. Aunque la mayoría de los beneficios del pacto van a parar a fundaciones para la investigación del SIDA, Gallo recibe en torno a los 100.000 dólares en concepto de “royalties” (informe aparecido en el diario El Mundo de Madrid el 1 de diciembre de 1991, sección opinión).

Tanto Gallo como el Dr. Mikulas Popovic, su jefe de laboratorio, fueron considerados responsables de fraude científico y obligados a modificar los textos y las fotos que habían enviado a la revista Science cuando se publicaron, en mayo de 1984, los primeros cuatro artículos que relacionaban el sida con el HIV. Ellos dirigieron durante muchísimos años las investigaciones relacionadas con los tratamientos para el sida. En manos de estos piratas falsificadores, multimillonarios vendedores de humo, están los pobres individuos seropositivos[1].


[1] Gallo no solo se apropiaba de virus ajenos, sino también de partenaires casadas. En los 80 tenía como ayudante una bióloga molecular de rasgos chinos llamada Flossie Wong–Staal. Cuando esta dio a luz a su segunda hija, su marido Steve le pidió el divorcio porque “sospechaba que su retoño provenía en realidad de las células no cultivadas del esperma de Gallo [...]. El acta de separación concluía: «El marido cree [...] que la hija Carolina, nacida el 21 de marzo de 1.983, no es suya, sino que es la hija de su mujer y de Robert Charles Gallo». Steve aceptaba dar la custodia de Carolina a su esposa y permitirle visitas de su otra hija de 13 años a cambio de que esta se mantuviera lo más alejada posible del peligroso Gallo —que no usaba condón para prevenir el sida—” (Luis Campos, La macroestafa del sida, pp. 78-9).

sábado, 2 de noviembre de 2019

El consumo de poppers y el sarcoma de Kaposi


Los cuadros graves de sida, cuando ya la enfermedad se ha desarrollado y sus consecuencias aparecen a simple vista, suelen venir acompañados, cuando se trata de homosexuales varones, por el sarcoma de Kaposi. El 95% de los afectados por esta patología son homosexuales o bisexuales, lo mismo que el sida en los tiempos en que hizo su aparición. Sin embargo, este sarcoma

poco tiene que ver con la inmunodeficiencia o el mismo VIH, ya que es un cáncer con muchas variedades que afecta a la piel produciendo unas manchas en el cuerpo [...]. Los cánceres no son consecuencia de la inmunodeficiencia [...], aunque algunos crean linfomas y se desarrollan en el sistema linfático, que forma parte del sistema inmunológico. Así pues, echarle la culpa al sida o al VIH es otro sinsentido más.

Pero si el sarcoma de Kaposi no es causado por el sida, tenemos que redefinir su etiología:

El SK aumentó en los 80, pero actualmente decrece. [...] ha disminuido porque también ha descendido el consumo de poppers, según el Dr. Haverkos. El SK y los poppers están íntimamente unidos. [...] el Kaposi no está producido por el VIH [...]. El Dr. Alvin Friedman–Kien y otros achacaron la inmunodeficiencia de los primeros casos al uso de poppers. (Luis Campos, La macroestafa del sida, pp. 58, 68 y 69).

Hace rato que yo sospechaba una estricta relación de causalidad entre el consumo de poppers y el debilitamiento del sistema inmunológico, y ahora se agrega este dato estremecedor relacionado con el sarcoma de Kaposi. 

viernes, 1 de noviembre de 2019

El sida y los antibióticos de uso cotidiano


Los primeros “casos tipo” detectados de sida a principios de los años 80 correspondieron a cinco treintañeros homosexuales de San Francisco. Estos pacientes (de los que solo murieron dos)

habían sido tratados con una medicina contra la neumonía llamada Septrim o Bactrim, que impide la formación del ADN (código genético de la vida) y produce inmunodeficiencia. [...]
El Septrim–Bactrim ataca a las mitocondrias o “pulmones” de las células. Afecta seriamente a una molécula fundamental llamada ATP. Las mitocondrias sufren mutaciones en su ADN (código genético), lo cual debilita el sistema inmune. [...]
El Bactrim es un antibiótico que tomado todos los días puede causar incluso la muerte. Las advertencias del fabricante así lo avisan en las Referencias del escritorio médico (PDR, Physician´s Desk Reference) (Luis Campos, La macroestafa del sida, p. 68).

Recuerdo que cuando niños, mi madre nos suministraba, a mí y a mis hermanos, este jarabe toda vez que presentábamos un cuadro gripal o un poco de tos. El amor, librado a su suerte, si no se contrapesa con investigación e inteligencia, puede ser inmoral.

jueves, 31 de octubre de 2019

Robert Gallo, el principal acusado


Robert Gallo se defendía de quienes lo consideran un embaucador emparentando a quienes apoyan la hipótesis no vírica con los actuales simpatizantes del nazismo:

Análogo al negacionismo del holocausto, el negacionismo del SIDA es un insulto a la memoria de quienes han muerto de SIDA, así como a la dignidad de sus familias, amigos y sobrevivientes. Al igual que con el negacionismo del Holocausto, el negacionismo del SIDA es pseudocientífico y contradice un inmenso cuerpo de investigación (Robert Gallo y otros, “Errores en el artículo de Celia Farber de marzo de 2006 en la revista Harper”, artículo disponible en internet[1]).

Mayor insulto a la memoria de quienes han muerto de sida es, por ejemplo, el AZT, que ha matado a innumerables personas que sin él habrían vivido normalmente. Personas como Gallo, que han aprobado, de manera apresurada y sin la correcta constatación de sus efectos adversos, la utilización de estos compuestos como medicamentos contra el sida, son quienes insultan constantemente a quienes han muerto por causa de esta enfermedad.

miércoles, 30 de octubre de 2019

Más detalles sobre la oscura historia del AZT


La historia de la aprobación del AZT como medicamento regular contra el sida, lo mismo que la historia del HIV, es un cuento de hadas al revés, porque el final feliz muta en tragedia, muerte y desesperación.

En un frío día de enero en 1987, dentro de una de las más potentemente iluminadas salas de reunión del monstruoso edificio de la FDA, un grupo de 11 de los más importantes doctores del SIDA calibraban una muy difícil decisión.
Habían sido requeridos por la FDA para considerar el dar la aprobación a toda velocidad a un fármaco altamente tóxico sobre el cual había muy poca información.
Llamado clínicamente Zidovudina, pero apodado AZT por sus componentes, se decía que el fármaco había mostrado un efecto portentoso en la supervivencia de los pacientes de SIDA. El estudio que había reunido al grupo, había causado un gran revuelo en la comunidad médica. Era la primera llama de esperanza —la gente se moría antes en el grupo de placebo que en el del fármaco—... según este estudio.
Pero existía una gran preocupación con respecto al nuevo fármaco. En realidad, había sido creado tres décadas antes para la quimioterapia del cáncer, pero se había arrinconado y olvidado por ser excesivamente tóxico, de fabricación muy costosa y totalmente ineficaz contra el cáncer. Poderoso, pero indiscriminado, el fármaco no era selectivo en su destrucción de las células.
[...]
En la reunión, había mucha incertidumbre y descontento con respecto al AZT. Los doctores que estaban siendo consultados sabían que el estudio era defectuoso y que los efectos a largo plazo eran desconocidos. Sin embargo, el público estaba casi literalmente «aporreando la puerta». Comprensiblemente, se estaba ejerciendo una tremenda presión sobre la FDA para que aprobara el AZT [...].
Ya a punto de aprobar el fármaco, uno de los doctores del grupo, Calvin Kunin, recapituló el dilema existente entre ellos. «Por un lado —dijo—, privar de un fármaco que disminuye la mortalidad en una población como ésta sería impropio. Por otro lado, utilizar este fármaco de forma generalizada, en áreas en las que no ha sido demostrada su eficacia, con un agente potencialmente tóxico, podría resultar desastroso».
«No sabemos que pasará de aquí a un año», dijo el presidente del grupo, el Doctor Itzhak Brook. «Los datos son todavía prematuros y las estadísticas no están muy bien hechas, en verdad. El fármaco podría ser, de hecho, perjudicial». [...]
El voto de Brook fue el único en contra de la aprobación del fármaco. «No había los suficientes datos. No había seguimiento suficiente —recuerda—. Muchas de las preguntas que hacíamos a la compañía eran respondidas con un “no hemos analizado todavía los datos”, o un, “no lo sabemos”. Pensé que algunos datos eran prometedores, pero estaba preocupado por el precio que habría que pagar por ellos. Los efectos secundarios eran tan severos... Era quimioterapia. Los pacientes necesitarían transfusiones de sangre. Eso es cosa seria».
«El comité se sentía inclinado a darme la razón —dice Brook—, en que debíamos esperar un poco, ser más cautelosos. Pero, en cuanto la FDA se dio cuenta de que queríamos rechazarlo, pasaron a la presión política. Sobre las 4 p.m., el jefe del centro del FDA de biología y farmacología, pidió premiso para hablar, lo cual es francamente inusual. Normalmente nos dejan solos, pero él nos dijo: “Mirad, si aprobáis el fármaco, os aseguramos que trabajaremos en conjunto con Burroughs Wellcome [la fundación biomédica que lo produciría] y nos encargaremos que se suministre a la gente adecuada”. Era como si estuviese diciendo “Por favor, decid que sí”».
[...]
La reunión finalizó. El AZT, sobre el cual algunos miembros del consejo se sentían aún inquietos y temerosos de que se convirtiese en una bomba de relojería, fue aprobado.
[...]
Cuando la aprobación del AZT se dio a conocer las acciones de Burroughs Wellcome se dispararon. A un precio de 8.000 dólares por paciente y por año (sin incluir transfusiones de sangre), el AZT se convierte en el fármaco más caro en la historia del mercado (Celia Farber, “El nacimiento escandaloso del AZT”, artículo disponible en internet[1]).

Esto fue en enero de 1987. Dos años después, el 3 de diciembre de 1988, la revista The Lancet publicó un artículo titulado “Efectos de la zidovudina en 365 pacientes consecutivos con sida o complejos relacionados con el sida”. La publicación estaba basada en un estudio realizado en el Hospital Claude Bernard de París. Los biólogos franceses habían descubierto lo que muchos médicos norteamericanos ya habían comprobado en sus propios pacientes: el AZT era demasiado tóxico para ser tolerado en la mayoría de los casos, no tenía efectos duraderos sobre los niveles de VIH en la sangre y dejaba a los pacientes con menos células T-4 que al principio. A pesar de que al inicio se había constatado una notable mejoría en la producción de células T-4, la opinión final era que “al cabo de seis meses, estos valores retornaban a los niveles anteriores al tratamiento y tenían lugar diversas infecciones oportunistas, enfermedades y muertes”. El informe del equipo francés terminaba diciendo: “Los beneficios del AZT se limitan a unos pocos meses en los pacientes de SIDA y ARC”. Tras unos meses, el AZT era completamente ineficaz[2].
Luego de este lapidario artículo, la prescripción de AZT fue disminuyendo paulatinamente, primero en Europa y luego en América, hasta que llegaron los nuevos cócteles y desapareció por completo. En el camino quedaron miles de seropositivos, que no murieron de sida, sino de AZT. Muertos asesinados por un virus, pero no por el HIV, sino por el virus de la codicia, del prestigio político y del renombre. No sé si estos virus son tan contagiosos como el HIV, pero son muchísimo más insalubres.

martes, 29 de octubre de 2019

La trampa del AZT


La azidothimidina (AZT) sigue siendo el medicamento preferido [...]. Recientemente se ha reducido a la mitad la posología media aconsejada, cosa que evidentemente reduce el precio del tratamiento y al parecer disminuye los efectos tóxicos sin alterar los efectos terapéuticos. [...] Se espera que la toma regular de ese medicamento ejerza una influencia benéfica sobre la evolución de la infección en los seropositivos.
Mirko Grmek, Historia del sida (1990), prefacio

Un médico que no quiso identificarse le escribió estas palabras a Luis Campos en el 2009:

Soy médico y me gustaría aportar la siguiente evidencia. Hace aproximadamente 10 años atendí profesionalmente a 12 pacientes diagnosticados de sida. Independientemente de si realmente existe el virus o no, de si realmente tiene capacidad infectiva o no, de si cumple los postulados de la virología o no, de si se trata de una mutación de retrovirus inofensivos o no, de si es un arma biológica con intención “genocida” o no, de si está relacionado con los experimentos de la vacuna de la polio cultivada en riñón de mono contaminado llevados a cabo en África o no, etc, etc…. de lo que sí puedo dar fe, (y esta es la evidencia que deseo aportar) es que los pacientes que tomaron AZT (porque no aceptaron nuestro consejo) están todos muertos, y los que no lo tomaron están todos vivos y “sanos” (citado por Luis Campos en La macroestafa del sida, p 33-4).

Diez años pasaron, y hoy existe consenso respecto de que el AZT era más dañino que benéfico para la salud de los enfermos de sida[1]. ¿Se repetirá la misma historia en el 2029 con los antirretrovirales que se recetan hoy en día?


[1] El consenso no es general. Robert Gallo, en el 2006, lo seguía defendiendo: “Los investigadores y clínicos del SIDA no afirman que el AZT es un medicamento perfecto; indudablemente puede y causa efectos secundarios. Como con la mayoría de los medicamentos utilizados para tratar, por ejemplo, el cáncer, el índice terapéutico para el AZT es menos que ideal, pero los peligros de no tratar la infección por VIH superan con creces los riesgos de hacerlo. AZT, por lo tanto, sigue siendo un fármaco muy útil para la terapia del VIH” (Robert Gallo y otros, “Errores en el artículo de Celia Farber de marzo de 2006 en la revista Harper”, artículo disponible en internet).

lunes, 28 de octubre de 2019

La política entrometiéndose en el debate científico


Su marido, John Heckler, se divorció de ella […] porque decía que se le había subido la vanidad y la política a la cabeza.  […] El columnista Jack Anderson la definió como: “La que caminaría una milla por una cámara”.
Luis Campos, La macroestafa del sida

La impostura del VIH como causante del sida fue, más que científica, una impostura política:

La causa “probable del sida” (sic) fue presentada en una multitudinaria rueda de prensa antes que en una publicación científica en el fatídico día de gracia del 23 de abril de 1984. “Hoy añadimos otro milagro al gran libro de honor de la medicina y la ciencia americana –anunció una pletórica Margaret Heckler, Secretaria de Salud de los EE.UU. en la presentación mundial del hallazgo del Dr. Gallo–. El descubrimiento de hoy representa el triunfo de la ciencia sobre una tremenda enfermedad.” [...] “La PROBABLE causa del sida ha sido encontrada. Se trata de una variante de un conocido virus [...]. Tenemos un nuevo test de sangre que estará disponible en seis meses. Hemos presentado la patente hoy mismo... Con el test de sangre podemos identificar a las víctimas del sida esencialmente en un 100% de certidumbre”.
[...] Una burócrata republicana y ultraconservadora [...], abogada y no científica, fue la primera en aceptar y difundir la “probable” hipótesis oficial del sida. Sin haber sido previamente reconocidas en publicaciones científicas, dio cobertura a todas las ideas del Dr. Gallo, presentándolo como un triunfo político del presidente Reagan y de la sanidad estadounidense (Luis Campos, La macroestafa del sida, pp. 64, 65, 70 y 71).

Así como se había presentado, quince años antes, la llegada del hombre a la luna como un triunfo norteamericano por sobre los rusos, también se presentó el hallazgo del virus HIV como un triunfo de la ciencia norteamericana por sobre la europea (había que apurarse porque el francés Luc Montagnier aseguraba haber descubierto este virus con anterioridad). Y todo sin ninguna prueba fehaciente que corrobore, al menos parcialmente, la hipótesis. Así juegan los estados con la salud de la gente. Y si bien no me consta que, como algunos afirman, sea cierto eso de que en realidad ningún astronauta pisó jamás la luna, sí estoy persuadido de que el virus HIV, si es que existe, no es el causante del sida ni de ninguna enfermedad complicada. Todo el asunto me huele a mentira gubernamental pergeñada para aumentar reputaciones en materia de adelantos tecnológicos y, de pasada, hacerse con algunos dólares gracias a las patentes.

domingo, 27 de octubre de 2019

Buscando las pruebas sobre la conexión VIH/SIDA


La teoría del sida fue promovida por el Gobierno republicano de Reagan [...]. Ideológicamente, la teoría era ideal para su visión conservadora, homófoba, racista y que promovía la castidad y los principios religiosos.
Luis Campos, La macroestafa del sida

El más reputado defensor de la hipótesis no vírica del desarrollo del sida es el estadounidense Kary Mullis. Estas son sus palabras en apoyo de la cruzada “negacionista” que iniciara Peter Duesberg hace ya más de treinta años[1]:

En 1988 trabajaba como consultor en Specialty Labs, en Santa Mónica, realizando análisis del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH). Sabía bastante de análisis de cualquier cosa con ácido nucleico, porque había inventado la Reacción en Cadena de la Poliomerasa [...]. Por eso me contrataron. Por otra parte, el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) era algo de lo que no sabía demasiado. De este modo, cuando me encontré escribiendo un informe sobre nuestros progresos y objetivos para el proyecto patrocinado por los National Institutes of Health, me dí cuenta de que no conocía la referencia científica para apoyar la declaración que acaba de escribir: «El VIH es la probable causa del SIDA». Así que me volví al virólogo de la mesa de al lado, un tipo serio y competente, y le pregunté por esa referencia. Dijo que no necesitaba ninguna. Yo no estuve de acuerdo. Pese a que es verdad que ciertos descubrimientos o técnicas científicas están tan bien establecidas que sus fuentes ya no se aluden en la literatura contemporánea, ése no parecía ser el caso de la conexión VIH/SIDA. Para mí, era muy notable que el individuo que había descubierto la causa de una enfermedad mortal y hasta ahora incurable, no fuese continuamente aludido en las publicaciones científicas hasta que la enfermedad estuviese curada y olvidada. Pero, como pronto aprendería, el nombre del individuo --que sería seguro materia de Premio Nobel-- no estaba en boca de nadie. Por supuesto, esta simple referencia debía estar en alguna parte ahí fuera. De lo contrario, decenas de miles de funcionarios y reconocidos científicos de diversas procedencias, que intentan aclarar las trágicas muertes de un considerable número de homosexuales y/o consumidores de drogas intravenosas de edades comprendidas entre los 25 y los 40 años, no habrían permitido que su investigación se limitase a una estrecha vía de estudio. No todo el mundo pescaría en la misma charca a menos que estuviese completamente verificado que el resto de charcas estaban vacías. Tenía que haber un informe publicado, o quizás varios, que juntos indicasen que el VIH es la posible causa del SIDA. Tenía que haberlo.
Hice indagaciones con el ordenador, pero no encontré nada. Por supuesto, puedes perderte información importante con las búsquedas por ordenador sólo con no introducir las palabras clave concretas. Para estar seguro de una conclusión científica, lo mejor es preguntar a otros científicos directamente. Esa es una de las cosas para las que sirven esos congresos en lugares lejanos con bonitas playas.
Como parte de mi trabajo, iba a muchos encuentros y congresos, adquirí el hábito de acercarme a cualquiera que diese una charla sobre SIDA y preguntarle qué referencias debía citar para esa cada vez más polémica declaración: «el VIH es la probable causa del SIDA». Después de 10 ó 15 encuentros en un par de años, empecé a preocuparme cuando vi que nadie podía citarme la referencia. No me gustaba la fea conclusión que se estaba formando en mi mente: la campaña entera contra la enfermedad considerada con creces como la peste negra del siglo XX, estaba basada en una hipótesis cuyos orígenes nadie podía recordar. Eso desafiaba tanto al sentido científico como al común.
Finalmente, tuve la oportunidad de interrogar a uno de los gigantes de la investigación del VIH y del SIDA, el doctor Luc Montagnier, del Instituto Pasteur, cuando dio una charla en San Diego. Esta sería la última vez en que sería capaz de realizar mi pregunta sin mostrar cólera. Me figuré que Montagnier conocería la respuesta. Así que se la planteé. Con una mirada de perplejidad condescendiente, Montagnier dijo: «¿Por qué no cita el informe de los Centers for Disease Control (CDC, Centros para el Control de Enfermedades)?». Yo contesté: «No se refiere realmente al tema de si el VIH es o no la probable causa del SIDA, ¿O sí?». «No», admitió, sin duda preguntándose cuánto tardaría en marcharme. Buscó ayuda en el pequeño círculo de personas a su alrededor, pero todos estaban, como yo, esperando una respuesta más concluyente. «¿Por qué no cita el trabajo sobre el VIS (Virus de la Inmunodeficiencia Simia)?», ofreció el buen doctor. «También he leído eso, doctor Montagnier», contesté. «Lo que les pasó a esos monos no me recuerda al SIDA. Además, ese informe fue publicado sólo hace un par de meses. Estoy buscando el informe original con el que alguien demostró que el VIH causa el SIDA». Esta vez, como respuesta, el doctor Montagnier se dirigió hacia el otro lado de la habitación para saludar a un conocido.
No hemos podido encontrar ninguna buena razón por la cual la mayoría de la gente sobre la tierra cree que el SIDA es una enfermedad causada por un virus llamado VIH. Simplemente no hay evidencia científica alguna que demuestre que eso es cierto. [...] Ni Duesberg ni yo podemos entender cómo ha surgido esta locura, y habiendo vivido ambos en Berkeley hemos visto algunas cosas muy extrañas. Sabemos que errar es humano, pero la hipótesis VIH/SIDA es un error diabólico. Digo esto bastante alto como advertencia. Duesberg lo ha estado diciendo durante mucho tiempo.
 (Kary Mullis, prefacio al libro del Dr. Peter H. Duesberg Inventing the AIDS virus).


[1] El primer artículo que publicó Duesberg advirtiendo del error que podría significar el considerar al HIV como causante del sida, data de 1987: "Retroviruses as carcinogens and pathogens: Expectations and reality". Revista Cancer Research, 1987; 47: 1199-1220.

sábado, 26 de octubre de 2019

Los agentes estresantes del sistema inmune como causantes del sida


Existen otros factores, además de la adicción a las drogas, que han llevado al sida al lugar en donde se encuentra. Los responsables de esta enfermedad no son los virus sino los agentes estresantes del sistema inmune. Estos agentes pueden ser biológicos, químicos, físicos, nutricionales y mentales. Entre los estresantes biológicos, el que mayores estragos viene causando, sobre todo en la comunidad homosexual, es el semen, que puede actuar como un poderoso inmunosupresor, como ya se apuntó. Otro fluido corporal que puede actuar de similar manera es la sangre (de ahí el permanente debilitamiento del sistema inmunológico de los hemofílicos[1]). La lista de estresantes químicos es enorme; citaré solo algunos: antibióticos, antivirales, antimicóticos, antiparasitarios, tranquilizantes, antipsicóticos, antiepilécticos, antiparkisonianos y anestésiscos, antihiertensivos, antiaginosos y antiarrítmicos, gastrointestinales, antitiroideos, hormonas sexuales, anticonceptivos orales, antialérgicos, broncodilatadores, anticoagulantes, expansores del plasma, factores de coagulación e inhibidores de la agregación plaquetarias, antinflamatorios no esteroideos, corticosteroides, antiartríticos y medicinas para la gota, antitumorales. Esto en cuanto a los medicamentos legales. En cuanto a la contaminación ambiental, se han encontrado propiedades inmunotóxicas prácticamente en todas las sustancias químicas testadas de los siguientes grupos: metales pesados, pesticidas, hidrocarburos, alifáticos y aromáticos, alcoholes, fenoles y derivados, contaminantes del aire, gases producidos por diferentes motores, dióxido de nitrógeno, ozono, ácido sulfúrico y conservantes de alimentos. Drogas como el alcohol, tabaco, marihuana, cocaína, heroína, nitritos de amilo y de butilo (poppers), anfetaminas, e incluso la metadona utilizada como tratamiento de las drogodependencias, son potentes inmunosupresores. Los estresantes físicos más perjudiciales son las radiaciones ionizantes. Aquí se cuentan los campos electromagnéticos, las radiofrecuencias, las microondas y los láseres. La exposición a la radiación ultravioleta, si es excesiva, puede producir una disminución de linfocitos. Los estresantes nutricionales actúan cuando se hace presente la desnutrición por falta de proteínas y calorías suficientes. También la carencia de determinadas vitaminas y minerales altera el proceso de inmunidad. Entre otros están fundamentados los casos de carencia de vitamina A, zinc y cobre. Asimismo, la desnutrición intrauterina causa inmunosupresión prolongada o permanente. Otros poderosos inmunosupresores son los llamados radicales libres, que son combatidos mediante una dieta de alimentos antioxidantes. Por último, los estresantes mentales. Se ha encontrado inmunodepresión en personas expuestas a estrés psicosocial: la ansiedad y la depresión disminuye el recuento y funciones de los linfocitos. El estrés académico disminuye la producción de interferón y el estrés mental altera la posibilidad de reparación del ADN llevada a cabo por los linfocitos.
La teoría de los agentes estresantes como causantes del sida es del colombiano Roberto Giraldo y la expone con detalles en su libro SIDA y agentes estresantes.


[1] “Las alteraciones inmunológicas de los pacientes con hemofilia son directamente proporcionales a la cantidad de terapia recibida durante la vida. También es importante anotar que se ha descrito muchas veces un estado de inmunodeficiencia en individuos con hemofilia que son VIH negativos. De otro lado, no se ha encontrado inmunodeficiencia en pacientes con hemofilia tratados con factor VIII purificado” (Roberto Giraldo, “Papel de los estresantes inmunológicos en la inmunodeficiencia”).


viernes, 25 de octubre de 2019

Sida y riqueza


Si excluimos a los países africanos (en donde, como ya hemos visto, se tergiversan las estadísticas afirmando que las personas mueren de sida cuando en realidad están muriendo por carencias nutricionales y sanitarias), “el porcentaje relativo de muertes por sida es mayor en los países económicamente más ricos” (Silvia Giménez, Sida, un debate silenciado, p. 251). Este dato juega a favor de la hipótesis no vírica: en los países ricos las drogas recreativas proliferan mucho más que en los países pobres.

jueves, 24 de octubre de 2019

El semen como agente causal del sida


Debe recordarse que las relaciones anales pasivas, conocidas también como inseminaciones rectales, han sido reconocidas como un factor de alto riesgo para el sida, aun en individuos VIH negativos.
Roberto Giraldo, “Papel de los estresantes inmunológicos en la inmunodeficiencia”

Según Silvia Giménez,

el VIH no se está comportando como una enfermedad de transmisión sexual, por lo que la promiscuidad sexual por sí misma no parece aumentar el riesgo de contagio. [...] Tan solo dos o tres contactos sexuales son necesarios para transmitir la sífilis o la gonorrea, sin embargo, la transmisión de VIH requiere una media de 500 a 1000 (Sida, un debate silenciado, pp. 124 y 212).

Esto en relación a los heterosexuales; los homosexuales aparecen como más proclives a contraer el virus, sobre todo los que adoptan el rol pasivo y no utilizan preservativos:

El semen humano posee propiedades inmunogénicas que pueden inducir a un estímulo crónico del sistema inmunológico y degenerar en inmunosupresión, tal y como se ha demostrado también en experimentación animal. Las relaciones de sexo anal pasivo son una práctica de riesgo comprobada en la literatura médica especializada (op. cit., p. 160).

Es decir que el semen, liberado en el intestino y seguramente en contacto con la sangre de alguna herida provocada por la fricción, es un inmunosupresor de primer orden, lo que indica que además de contraer HIV, el homosexual pasivo que no utiliza preservativos, si es demasiado promiscuo, podría contraer el sida incluso llevando una vida en otros aspectos bastante saludable. Y lo mismo para los que practican el sexo oral y no tienen una higiene bucal de primer orden.

miércoles, 23 de octubre de 2019

Los chimpancés y el sida


Harvey Bialy, biólogo molecular e investigador y editor científico de la revista BioTechnology, puso el ejemplo de los chimpancés en apoyo de la hipótesis de la inocuidad del HIV. Estos primates, dijo, son bastante susceptibles a la infección por HIV, pero hasta el momento no se han tenido noticias de chimpancés afectados por el sida (cf. Silvia Giménez, Sida, un debate silenciado, p. 221). Se contagian fácilmente el HIV, pero no desarrollan el sida. Y no lo desarrollan porque no presentan comportamientos de riesgo (drogas, malnutrición, contaminaciones de todo tipo), que son los auténticos auspiciantes de la aparición de los cuadros de inmunodeficiencia.

martes, 22 de octubre de 2019

El sida en África


Si las drogas psicoactivas son la causa principal del auge del sida, queda sin explicación lo que ocurre en África, el continente supuestamente más perjudicado por esta enfermedad, porque allí las drogas recreativas prácticamente no se utilizan. Para develar el enigma necesitamos entender que cuando las estadísticas nos dicen que en África hay tantos o cuantos pacientes enfermos de sida, no nos están diciendo en realidad que hay tantos o cuantos pacientes con HIV que enfermaron de sida, como se estila en el resto del mundo. Debido a que los africanos no pueden costear masivamente los test de HIV, los investigadores se creyeron con derecho a considerar como enfermos de sida a los pacientes que presentaban determinados síntomas, pese a no saber si tenían o no HIV. “El SIDA es el nuevo nombre que se ha dado a 30 enfermedades cuando se dan junto con un test positivo a los anticuerpos del HIV. Pero en África no es obligatorio realizar este test” (Silvia Giménez, Sida, un debate silenciado, p 168). Se necesitaba una definición de diagnóstico de sida para los países que no disponían del equipamiento necesario para realizar los análisis de sangre[1], y la Organización Mundial de la Salud accedió.

Al observar a la gente enferma en Zaire, los estadounidenses antes de pasar ningún test identificaron la epidemia de SIDA en este país, y se estableció la definición Bangui[2]. [...] Lo que significa que si tienes diarrea, 10% de pérdida de peso y fiebre eres caso SIDA, si tienes diarrea, tos y fiebre durante un mes, también eres caso SIDA. De esta manera se constata cómo se están renombrando algunas de las enfermedades de la pobreza (op. cit, p. 168).

Los africanos no están muriendo de sida, o en todo caso, no está muriendo debido al virus HIV: están muriendo de hambre y de pobreza, igual que se morían desde mucho antes de la aparición del sida[3].


[1] Y aunque los africanos contasen con los recursos necesarios, las pruebas de laboratorio serían problemáticas: los test ELISA y Western Blot son casi inútiles en la región, porque producen reacciones cruzadas con otros anticuerpos de enfermedades endémicas en la zona.
[2] Esta definición establece que se considera diagnóstico sida, sin pruebas de laboratorio del VIH, si se manifiestan al menos dos síntomas o signos principales y al menos un síntoma o signo menor en adultos o dos signos menores para los niños. Los síntomas o signos principales son: pérdida de peso mayor al 10%, fiebre durante un mes, diarrea durante un mes. Los signos menores son (entre otros): tos durante un mes y Dermatitis pruriginosa generalizada.
[3] El descargo del mayor defensor de la hipótesis vírica del sida es el siguiente: “El VIH, no la pobreza, predice la progresión al SIDA en África. Por supuesto, vivir en la pobreza aumenta el riesgo de contraer la infección por el VIH, porque las personas pobres tienen menos acceso a la información sobre cómo se transmite el VIH y cómo evitar contraer esta infección. Además, las personas pobres, especialmente las mujeres pobres, con frecuencia tienen menos poder para negociar el uso de condones. Las personas infectadas por el VIH que viven en entornos de escasos recursos pueden progresar más rápidamente al SIDA y la muerte debido a su acceso reducido a la atención médica y su estado de salud general disminuido en comparación con las personas que residen en entornos más ricos. […] las enfermedades que se han asociado con el SIDA en África, como el síndrome de desgaste, las enfermedades diarreicas y la tuberculosis, han sido durante mucho tiempo cargas severas allí. Sin embargo, las altas tasas de mortalidad por estas enfermedades, anteriormente confinadas para las personas mayores y desnutridas, ahora son comunes entre las personas jóvenes y de mediana edad infectadas por el VIH, incluidos los miembros bien educados de la clase media” (Robert Gallo y otros, “Errores en el artículo de Celia Farber de marzo de 2006 en la revista Harper”, artículo disponible en internet).