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lunes, 28 de octubre de 2019

La política entrometiéndose en el debate científico


Su marido, John Heckler, se divorció de ella […] porque decía que se le había subido la vanidad y la política a la cabeza.  […] El columnista Jack Anderson la definió como: “La que caminaría una milla por una cámara”.
Luis Campos, La macroestafa del sida

La impostura del VIH como causante del sida fue, más que científica, una impostura política:

La causa “probable del sida” (sic) fue presentada en una multitudinaria rueda de prensa antes que en una publicación científica en el fatídico día de gracia del 23 de abril de 1984. “Hoy añadimos otro milagro al gran libro de honor de la medicina y la ciencia americana –anunció una pletórica Margaret Heckler, Secretaria de Salud de los EE.UU. en la presentación mundial del hallazgo del Dr. Gallo–. El descubrimiento de hoy representa el triunfo de la ciencia sobre una tremenda enfermedad.” [...] “La PROBABLE causa del sida ha sido encontrada. Se trata de una variante de un conocido virus [...]. Tenemos un nuevo test de sangre que estará disponible en seis meses. Hemos presentado la patente hoy mismo... Con el test de sangre podemos identificar a las víctimas del sida esencialmente en un 100% de certidumbre”.
[...] Una burócrata republicana y ultraconservadora [...], abogada y no científica, fue la primera en aceptar y difundir la “probable” hipótesis oficial del sida. Sin haber sido previamente reconocidas en publicaciones científicas, dio cobertura a todas las ideas del Dr. Gallo, presentándolo como un triunfo político del presidente Reagan y de la sanidad estadounidense (Luis Campos, La macroestafa del sida, pp. 64, 65, 70 y 71).

Así como se había presentado, quince años antes, la llegada del hombre a la luna como un triunfo norteamericano por sobre los rusos, también se presentó el hallazgo del virus HIV como un triunfo de la ciencia norteamericana por sobre la europea (había que apurarse porque el francés Luc Montagnier aseguraba haber descubierto este virus con anterioridad). Y todo sin ninguna prueba fehaciente que corrobore, al menos parcialmente, la hipótesis. Así juegan los estados con la salud de la gente. Y si bien no me consta que, como algunos afirman, sea cierto eso de que en realidad ningún astronauta pisó jamás la luna, sí estoy persuadido de que el virus HIV, si es que existe, no es el causante del sida ni de ninguna enfermedad complicada. Todo el asunto me huele a mentira gubernamental pergeñada para aumentar reputaciones en materia de adelantos tecnológicos y, de pasada, hacerse con algunos dólares gracias a las patentes.

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