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sábado, 19 de octubre de 2019

El sida, enfermedad rara


La sociedad capitalista destruye al individuo, a la nación y a la civilización; debilita la economía, la salud y la vida de los seres humanos. El poder socioeconómico es la mayor causa del sufrimiento humano.
Norberto Keppe

Y parece que detrás de la mentira no están solamente los laboratorios, sino también la Organización Mundial de la Salud. Un negocio mayúsculo es vender antirretrovirales (miles de billones de dólares están en juego, calcula Silvia Giménez), pero para que el negocio fructifique es menester causarles pánico los portadores de HIV, y esto se logra falsificando las estadísticas, exagerando la cantidad de casos reales de sida, para que el infectado no dude en tomar religiosamente su medicina. Y digo que la OMS va entongada con esto por lo que afirma Gerardo Clavero, en su momento secretario general del Plan Nacional del Sida en España:

España facilita las cifras resultantes de sumar todos los casos acumulados desde que se conoce el sida porque hay un compromiso en ese sentido con la OMS. Pero las cosas no se suman de esa manera, y tanto a mí como a otros sanitarios nos molesta esa forma de contar, y recogemos también las cifras reales de la enfermedad. Es decir, los casos nuevos diagnosticados y registrados cada año. [...] Para el resto de patologías —hepatitis B o tuberculosis, por ejemplo— la OMS ofrece solo los casos aparecidos el último año. [...] Esa cuantificación amplifica la incidencia e incita a la confusión, por eso digo muchas veces que el sida se transmite por los periódicos. Cuando te preguntan, por ejemplo, ¿cuántos zapatos tienes?, tú dices los que tienes en ese momento, no todos los que has tenido a lo largo de tu vida (Gerardo Clavero, entrevista publicada en el diario El País de Madrid el 1º de diciembre de 1991, disponible en internet[1]).

Debido a los casos reales detectados, la OMS tendría que estar a un paso de catalogar al sida como una enfermedad rara (cf. Sida, un debate silenciado, p. 192). Sin embargo, hace todo lo que está a su alcance para que sea considerado como una pandemia. Todo para infundir terror en la población y sobre todo en los ya infectados con HIV. La gente vive con el corazón en la boca, con miedo de infectarse o con miedo de morir, sin ningún fundamento que avale estos miedos, o con fundamentos extremadamente flacos. Así es el mundo del capitalismo médico.

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